Calles emblemáticas de Xerez III
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| Joaquín Naranjo Guerrero Jerez- 05 – 11 – 2010 |
Calles emblemáticas de Xerez III |
CALLES EMBLEMÁTICAS DE XEREZ (3)
Entre los varios emplazamientos que se les atribuyen a Jerez, según opinan los historiadores: el más reciente fue Asta Regia, ciudad totalmente arrasada por los vándalos poco antes de la llegada de los árabes.
Estratégicamente situada entre los esteros del Betis y costera con el lago Ligustino, este inmenso lago se extendía desde Sanlucar hasta Híspalis (Sevilla) prácticamente aglutinaba todo lo que hoy conocemos como las marismas del Guadalquivir y con una buena cantidad de poblados en su contorno. Como cabeza más importante estaba situada Asta Regia en un lugar privilegiado dentro del contexto de su provincia, según nos comenta el geógrafo griego Estrabón, llegando tener su Chancillería y corte de la Turdetania con asiento y silla de los jueces superiores; fundamental organismo que demuestra la enorme importancia que tuvo como ciudad y que una vez destruida Asta, pasó a Xerez: según nos comenta el cronista jerezano el Padre Rallón en su historia de Xerez. Fue precisamente en la calle Chancillería donde tuvo su último asentamiento ya que primero estuvo en la Plaza del Adelantado (hoy Plaza del Clavo). Y según documentos aparecidos permaneció en nuestra ciudad desde 1469 hasta 1505 fecha en el que fuera suprimido, por su traslado a Granada.
Es curioso que siempre hayamos tenido esa indolencia, permitiendo que nos desvalijen de todo cuanto ha pertenecido a nuestra historia y con el malsano sentimiento de pretender que la ignoremos. Pero el hombre se anticipa al tiempo y, lo que ha costado crear durante muchos siglos, nosotros destruimos en un instante: tenemos demasiada prisa para crear el mal. La ciencia avanza vertiginosamente, pero esta por si no ha podido erradica del hombre sus pasiones más feroces; no ha logrado suprimir esas reminiscencias que nos identifican con la bestia.
Los arqueólogos con su depurada ciencia, llegaran sin duda a descubrirnos el grado humanoide de nuestros antepasados en sus más variados conceptos. Al contemplar con infinito amor esas ruinas, nos recuerdan toda una ensarta de intereses creados con su larga rémora de tragedias y de infinitos esfuerzos. Nuestro ya extinguido investigador Manuel Esteve Guerrero, entusiasta arqueólogo, de forma altruista nos descubrió la enorme importancia de este yacimiento arqueológico, recibiendo como premio la total indiferencia de las autoridades y del pueblo que en diversa ocasiones, le tachaban de iluso y loco. Pero tales manifestaciones después de hacer oídos sordo, él se lo pasaba por debajo. La calle Chancillería empieza en la puerta nueva de la Por-vera horadada en la muralla en el año 1500 para facilitar la entrada y salda de la ciudad, hoy desaparecida y termina en la Plaza de San Juan. Es una vía alegre y luminosa con una bella vista de la iglesia con connotaciones mudéjares de La Reparadora y sus antiguas mansiones, entre ellas, todavía se conserva como más popular “Las Piedras Negras” que nos hablan de las costumbres de sus potentados moradores y del tránsito abigarrado del pueblo, con sus humildes caballerías ofreciendo los diversos productos del campo. Nuestras tierras pródigas en todos los frutos, es de admirar su fértil generosidad. Nada más salir de la muralla se contemplaba el bello panorama de sus huertas y viñas perfectamente cultivadas, con una simetría calculada cual delicioso jardín con cadencias Wagnerianas melódico y colorista. La fertilidad de nuestra tierra nos sorprende y cautivan, ya que durante siglos han mitigado el hambre del pueblo indigente con las diversas plantas bravías que este pródigo suelo nos ofrece. La tagarnina, el espárrago, el cardo, la correhuela, la azofaifa, la algarroba y otro como él higo chumbo, planta o cactus que nos trajeron los colonizadores de América y, muchos más que haríamos interminable este relato. Claro es que estos modestos alimentos siempre fueron rechazados por los más acomodados y por su evidente plebeyez. Cuando contemplaban aquella ubérrima campiña, nos parece adivinar el rasgo valiente del pincel mágico sobre un lienzo impresionista. En esta desbastada ciudad Regia, no es posible establecer comparaciones ni asegurar costumbres ya que, los siglos inexorables todo lo borra y adultera; pero si utilizamos un poco de imaginación, veremos a una urbe trepidante, confiada y polícroma. Ante la vorágine de la gran ciudad, nos parece contemplar el desfile de numerosas togas serias y elegantes, de todos los que impartían la verdadera justicia.
Ya el filósofo Platón en una ocasión declaró: que la justica no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte. Es injusto que no se culturice al pueblo, son injustos todos los desniveles sociales No es posible construir una sociedad justa cuando interponemos los intereses creados a la verdad.
Cuando me sitúo frente a la llamada puerta Nueva, dejo detrás a la calle Escuelas, llamada así por estar situado en ella el único centro docente de la ciudad: algo lamentable para una población calculada en aquella época de treinta mil habitantes. Y no es extraño que así fuera pues, la opinión generalizada entre los padres de aquel lamentable período donde se solía oír aquella frase muy frecuente: “No es necesario aprender a leer, lo primero es aprender a trabajar” o aquella otra cuando nacía un nuevo hijo en el seno de una familia trabajadora: “Ya tiene usted otro criado más a quien mandar Don José”
Remembranzas que nos legaron los visigodos imponiendo los esclavos de la gleba, el derecho de pernada y demás anacrónicas costumbres: entre otras lindezas por el estilo.
JOAQUIN NARANJO GUERRERO
Xerez 5 de noviembre de 2010