De la cepa a la copa

De JerezSiempre
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De la cepa a la copa



Una armonía perfecta entre el hombre y la naturaleza, simbiosis única, un equilibrio idílico con el entorno que pervive después de más de dos milenio.

Soy mucho más que un producto, represento la cultura de un pueblo, una manera de entender la vida, un legado transmitido de generación en generación.

Pero, deja que te cuente un poco mi ya larga existencia.

Dicen que mi madre, LA VID, era cultivada en tiempos muy lejanos en Persia, Grecia y Asia Menor, y que posiblemente llegué a Jerez de la mano de los fenicios o griegos.

He conocido las civilizaciones que por aquí pasaron (romanos, visigodos y árabes) y puedo decirte que todas me amaron apasionadamente.

Después de que el Rey Sabio conquistara Jerez en el siglo XIII, la ciudad y yo somos una misma cosa y estamos unidas por el mismo cordón umbilical.

Una mágica combinación de factores han hecho posible el milagro de que yo siga viviendo en Jerez.

LA TIERRA ALBARIZA, en la que crezco, donde mi madre hunde sus raices ancestrales, blanca como su nombre, que guarda en su interior la lluvia como un tesoro para cuando las calores se adueñan de las viñas jerezanas.

LA TEMPERATURA, transparente y calma, el aire como caramelo de malvavisco, ocho meses de sol como miel y la brisa atlántica para suavizarlo y matizarlo todo.

Y el HOMBRE, mi padre, que ha crecido y aprendido conmigo. Tanto me cuida, que en la viña recibo del VITICULTOR 24 labores al año. "Hoy sus ojos se le abrasan de mirarle al paisaje los recuerdos".


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