Joaquín Manuel Fernández Cruzado

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Joaquin Manuel Fernandez Cruzado


Artículo obra del Dr. D. Manuel Ruiz Lagos


Autorretrato de Joaquín M. Fernández Cruzado (Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Foto de Pablo Linés Viñuales).

Joaquín Manuel Fernández Cruzado (Jerez de la Frontera 24.12.1781-Cádiz 31.01.1856) Bautizado en la iglesia de San Lucas el día 28.12.1781. Pintor. Militar. Docente. Fueron sus padres D. José Fernández Guerrero y Doña Lucía Cruzado Suárez.


Perfil biográfico

Miembro de una destacada familia gaditana de creadores y artistas, recibió una esmerada educación primaria. Cursó en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Cádiz estudios de Latinidad, Filosofía y Teología. Desechada, en su momento, la posibilidad de seguir la carrera eclesiástica, bajo la dirección de su padre - notable escultor, sobrino/nieto del retablista Gonzalo Fernández de Pomar, teniente escultor de la escuela de la ciudad -se inició en el aprendizaje del arte de la pintura, añadiendo a éste estudios de anatomía en el Colegio de Medicina y Cirugía. Completó su formación con el estudio de las matemáticas y de los idiomas francés e inglés.


La Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, donde estudió Fernández Cruzado.


Alumno de la Escuela de Bellas Artes de Cádiz destacó muy pronto en ella. Su colección de dibujos del natural de temática mitológica fue premiada, en 1805, con una pensión de estudios en el extranjero, preferentemente, en Roma. Ante las circunstancias adversas políticas, en aquellos momentos, para un desplazamiento, optó, en primer lugar por aplicar la pensión a una primera estancia en Sevilla, donde, al parecer, con la protección de J. Ceán Bermúdez, se ejercitó en el aprendizaje de las copias de los maestros Murillo y Zurbarán.

De la capital hispalense pasó a Madrid donde, con la protección de D.Gregorio Ferro, hizo notable amistad con los pintores de cámara D. Francisco de Goya y D. Vicente López, bajo cuyo magisterio amplió sus conocimientos pictóricos en la Real Academia de San Fernando donde fue premiado en 1808. Su primer biógrafo, Javier Urrutia (“El Guadalete” núm. 1180 de 13.12.1856), acuerda decir que el tema objeto de distinción versaba sobre un pasaje de la vida del Gran Capitán. Las deferencias de la Academia serían constantes hasta 1814 en que fue nombrado académico de mérito.


Madrid. Puerta de Fuencarral. Fuerzas invasoras. Grabado de D. Roberts, Londres, 1836.

La guerra como circunstancia

El estallido de la Guerra de la Independencia sorprende a Fernández Cruzado en Madrid. Desde el primer momento opta por unirse a las tropas patriotas, teniendo una especial relevancia su actuación en la defensa de la puerta de Fuencarral, punto de tránsito favorito de las tropas invasoras, junto a un grueso número de artilleros.


Napoleón a las puertas de Madrid. Grabado de Bernard sobre dibujo de A. Raffet, 1839.

Sabido es que la ciudad de Madrid fue sitiada por el propio Napoleón y que su defensor, el jerezano Tomás de Morla, optó por la rendición y capitulación honrosa en evitación de producir un lago de sangre. Actitud ésta no comprendida que significó la desgracia militar y política del artillero jerezano.


Fernández Cruzado huye, al parecer con las tropas del Duque del Infantado, a la población cercana de Molina de Aragón a cuya Junta de Defensa se ofrece. En enero de 1809 se le nombra subteniente de infantería, grado ratificado por real despacho de 14 de marzo de 1810. De este modo, es incorporado a todos los avatares del ejército nacional. Estará presente en las actuaciones militares de Daroca, Cariñena, Checa, Auñón, Valencia, Ateca, Utiel y Tortosa durante el bienio 1810-1812.


En 1810, yendo embarcado de transporte de Cádiz a Cartagena en el navío “San Telmo”, a la altura del Castillo de Santa Catalina en la demarcación del Puerto de Santa María, se señaló heroicamente frente a los franceses.

Experiencia no satisfactoria

Salida de la flota de Cádiz para Veracruz. Grabado anónimo de 1700. Institut Cartogràfic de Catalunya.

Finalizada la Guerra en 1814, el jerezano optó por continuar en la milicia, agregado a la secretaría del Estado Mayor. Su preparación y conocimientos le situaban siempre en misiones topográficas, científicas y educativas, así como en el desempeño de adiestramiento de cadetes.

A petición propia, en 1818, es destinado al Ejército Expedicionario de Ultramar y agregado a su Estado Mayor. Consta como realizados por él en esta época, por encargo de sus superiores, una Tratado de Telégrafos militares para instrucción de los destacamentos y la redacción de un extenso informe, con destino a la Capitanía General de Andalucía, relativo a cuantas noticias fueran referentes a las provincias del Río de la Plata.

Desembarco de Fernando VII en el Puerto de Santa María el 1 de octubre de 1823. Punto tomado en la orilla del río Guadalete. Grabado anónimo de 1823. Guerra de la Independencia. Biblioteca Nacional de Madrid.

El 22 de noviembre de 1819 es ascendido al empleo de capitán efectivo, grado que venía disfrutando desde 1816. Desde julio de 1820 hasta febrero de 1821 se le encomienda por la Capitanía General de Andalucía el reconocimiento de caminos militares.

En mayo de 1821 es destinado a América Septentrional. Embarcado en el navío “Asia”, marcha hacia Veracruz (México), acompañando al Virrey Juan de O´Donojú. Viendo que éste firma con Agustín de Itúrbide el Tratado de Córdoba (27.08.1821) por el que se reconoce la independencia del territorio, se niega a aceptar las ofertas del gobierno revolucionario y regresa España en junio de 1822. Es destinado al Regimiento de Guadalajara.


Retrato del Duque de Angulema. Grabado anónimo de 1850.

En 1823, a petición del propio rey Fernando VII, la Francia conservadora de la “Santa Alianza” interviene en España con un cuerpo de ejército denominado los “Cien mil hijos de San Luis”, al mando del Duque de Angulema. Su objetivo era acabar con el régimen liberal, instaurado por la Constitución de 1812 y restituir el absolutismo fernandino.

El Duque de Angulema, Luis Antonio de Bourbon-Artois (1775-1844) era hijo del restituido, tras la caída de Napoleón, Carlos X de Francia, esposo de María Teresa de Saboya. En 1823 le correspondió comandar el ejército realista francés armado para consolidar en el trono al rey Fernando VII absolutista.

El nuevo ejército invasor, esta vez colaboracionista del monarca español, avanzó desde Madrid hacia Andalucía sin apenas dificultades en persecución del ejército liberal cuyo núcleo estaba refugiado en Cádiz con Fernando VII como rehén. La ciudad fue sitiada y bombardeada y aunque no pudo ser tomada, sus defensas –tal el fuerte de Trocadero- fueron notablemente mermadas.


Cádiz (1823), batalla del Trocadero. Sobre pintura de Delaroche, grabado de Thibault. Paris, 1838.


Los sitiadores ofrecieron un pacto a los patriotas gaditanos por el que, liberado el rey, éste se comprometía a respetar y defender las libertades constitucionales. Evidentemente, el monarca, una vez liberado, incumplió el acuerdo, se unió a las tropas invasoras y decretó la abolición de las normas legales desarrolladas en el trienio liberal, dando lugar a la implantación del régimen absolutista.

Fernández Cruzado, enrolado en el ejército liberal, se enfrentó a los franceses. Dispersada su división, cayó prisionero e internado en el depósito militar de Granada hasta finalizar la guerra.


Entrevista de Fernando VII con el Duque de Angulema. Grabado de Beisson de 1823. Guerra de la Independencia. Biblioteca Nacional de Madrid.


Restablecido el gobierno absolutista de Fernando VII amparado por las armas extranjeras, se disolvió el ejército liberal y de sus resultas, el jerezano recibió el 19 de febrero de 1824 su licencia indefinida y su traslado oficial a Cádiz. Se le abrió proceso de depuración que no fue sustanciado hasta el 4 de junio de 1828, confirmando su baja militar.


El 20 de octubre de 1830, en atención a sus veinte y cinco años de servicios militares, se le concedió la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.




Vuelta a los orígenes

La Catedral de Cádiz. Grabado de “La Europa pintoresca”, 1800. Institut Cartogràfic de Catalunya.

El biógrafo Javier Urrutia nos da un excelente testimonio de la situación que sufría en aquel momento Fernández Cruzado: “La clasificación escrupulosa que se hizo en el personal del ejército disuelto en 1823 para proceder a su reorganización, las escaseces que a la sazón experimentaba el tesoro público para atender a sus obligaciones y la desconfianza que tenían gran número de militares de poder ingresar nuevamente en las filas por creer incompatibles las exigencias del gobierno constituido por sus opiniones y compromisos particulares, obligaron a muchos de ellos a utilizar en su provecho otros conocimientos que, respectivamente, poseyeran para atender por medios honrados a sus subsistencias.

Fernández Cruzado había conocido, por experiencia, cuán azarosa era la carrera de las armas y, por tanto, no titubeó en dedicarse asiduamente en lo sucesivo a continuar el cultivo de las facultades artísticas que –aunque suspendido por desgracia en los días más floridos de su vida- le ofrecían, todavía, un porvenir más tranquilo e independiente”.

Efectivamente, licenciado forzosamente del ejército, volvió a sus orígenes de pintor. Amparado en el apoyo familiar, se dio a conocer como retratista, hasta alcanzar notable nombradía, negándose a impartir clases particulares de arte, a pesar de ser requerido a ello incesantemente.

La Academia de Nobles Artes de Cádiz, en 1826, le nombró teniente director de pintura, con aplicación a la didáctica del dibujo, sin sueldo. Cuestión crematística que no se resolvería hasta finales de 1828, con efectos económicos de enero de 1829.

Vista general de Cádiz. Grabado de A. Rodríguez y L. Mariani. Litografía de las Novedades, 1864.

Elevada la Academia de Nobles Artes en octubre de 1841 a la categoría de provincial, en enero de 1843 declaró al pintor Académico de Mérito en el ramo de la Pintura. Fallecido en 1846 D. Manuel Roca, la junta académica le nombró director de la sección de Pintura.

La reforma de institutos docentes de 1849 erigió de nueva planta la Academia Provincial de Cádiz y en el desarrollo de su plantilla docente reconoció a Fernández Cruzado como profesor de Dibujo natural y Pintura, perteneciente a los estudios superiores. Con efectos de enero de 1852 fue nombrado por el Ministerio de Fomento director de la Escuela.

Catálogo pictórico

Aunque en tiempos recientes la obra pictórica de Fernández Cruzado ha sido parcialmente estudiada y reconocida (Vid. A. Banda y Vargas, “Estudios sobre el pintor J. M. Fernández Cruzado”, Cádiz, 1983. Vid. L. Triviño “J. M. Fernández Cruzado: un pintor marcado por las circunstancias” en Cambio político y cultura en la España de entre siglos, 2008) resta por redactar, creemos, un catálogo general que nos ofrezca el inventario de la producción conservada al día de hoy y un juicio crítico ponderado sobre ella. Mientras tanto, es conveniente aludir a los pormenores que sobre la misma nos dejaron sus biógrafos Javier Urrutia y Diego I. Parada y Barreto.

Según las antiguas informaciones, se le acreditan veinte y cuatro cuadros de pintura pensada original, ciento noventa y cinco retratos de diferentes tamaños y un número indeterminado de copias de clásicos de la escuela española.

En el apartado de pintura religiosa se reconoce el mérito particular del cuadro del Ángel de la Guarda que ocupa el altar en su propia capilla de la Catedral de Cádiz. Se describen varios cuadros de esta temática que fueron enviados a Cuba, a cuya isla se sentía vinculado por línea fraterna familiar: así, un Cristo, una Virgen de las Angustias y un Santiago el Menor. Se habla, igualmente, de una pintura mariana de la Asunción donada a una iglesia católica en Suiza. En el apartado histórico se citan los cuadros dedicados al Gran Capitán y Hernán Cortés y los obligados de la iconografía oficial de época, depositados en instituciones locales o provinciales.

Como retratista, recientemente, ha escrito F. Orgambides: “Gracias a este pintor han llegado a nuestros días retratos de destacadas personalidades de la burguesía gaditana de la época, como son los casos de Gregorio Isasi y su esposa Juana de Dios Lacoste, el doctor Benjumeda, la familia Moreno de Mora al completo, la marquesa de Santo Domingo de Guzmán, niña; los banqueros Gargollo y Picardo, el presbítero Gandulfo, el Teniente General Enrique Mc´Donnell, el brigadier José Sánchez Cerquero –fundador del Observatorio de San Fernando- y los gobernadores militares Freire y Aymerich, entre otros (Vid. F.Orgambides, “Memoria en el tiempo de una familia gaditana de ida y vuelta”, Revista Cultural del Ateneo de Cádiz, núm. 8, 2008 pp. 165-181)”.

Es claro y conocido el lugar que, dentro de la pintura romántica, ocupa Fernández Cruzado. Nos basta decir que su pincel es un antecedente del futuro regionalismo, una clave del costumbrismo y una herencia en sus retratos de la influencia de su maestro Goya.

Como modesta muestra de la pintura del jerezano se inserta esta galería de cuadros reconocidos en museos españoles:


Galería pictórica de Joaquín Manuel Fernández Cruzado


“Autorretrato”. Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Pintura al óleo. Datación sobre 1835. Fotógrafo Pablo Linés Viñuales.
“Retrato de José Benjumeda”. Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Pintura al óleo. Datación sobre 1830. Fotógrafo Pablo Linés Viñuales.
“Retrato de Dolores Fernández Céspedes”. Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Pintura al óleo. Datación sobre 1830. Fotógrafo Pablo Linés Viñuales.


“La salida del toro”. Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Pintura al óleo. Datación sobre 1840. Fotógrafo Pablo Linés Viñuales.
“El pase de muleta”. Archivo fotográfico. Museo del Romanticismo de Madrid. Pintura al óleo. Datación sobre 1840. Fotógrafo Pablo Linés Viñuales.
“Retrato de mujer”. Archivo fotográfico del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Copyright de la fotografía Museo de Bellas Artes de Bilbao. Pintura al óleo. Datación sobre 1830/40.
“Retrato de hombre”. Archivo fotográfico del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Copyright de la fotografía Museo de Bellas Artes de Bilbao. Pintura al óleo. Datación sobre 1830/40.
“Misa mayor en una iglesia andaluza”. Archivo fotográfico del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Copyright de la fotografía Museo de Bellas Artes de Bilbao. Pintura al óleo. Datación sobre 1840.
“Retrato de Josefa de Corte de Gargollo”. Archivo fotográfico del Museo de Bellas Artes de Cádiz. Pintura al óleo. Datación sobre 1832.
“Retrato de mujer”. No localizado. En subasta. Pintura al óleo atribuida a Fernández Cruzado. Datación sobre 1835.
“Retrato de José Celestino Mutis”. Archivo fotográfico del Museo de las Cortes de Cádiz. Pintura al óleo. Datación sobre 1828.
Capilla del Santo Ángel de la Guarda de la Iglesia Catedral de Cádiz. Lienzo del titular y otro superior de San Benito. Pintura al óleo. Datación entre 1838/1842.
“Retrato de Pedro Gutiérrez de Acuña”. Pintura al óleo. Datación sobre 1850. Publicado por Fátima Halcón en su trabajo “El inventario de bienes de Doña Mariana de Medina y Dávila” (Laboratorio de Arte 18 (2005) 465-473. Versión digital). Se trata de un retrato de un aristócrata jerezano.
“Retrato de José Fernández Rodríguez”, padre del pintor. Publicado por P. Quintero Atauri en “Cádiz pintoresco: colección de retratos del Museo de Bellas Artes de Cádiz”, Cádiz, 1919. Editado en su página informática por Manuel Castro Rodríguez. Pintura al óleo. Datación sobre 1815/20.
“Retrato de la Reina Regente e Isabel II, niña”. Facultad de Medicina de Cádiz. Publicado en “Patrimonio artístico y monumental de las universidades andaluzas”, dirección M. Rodríguez-Pantoja, Consejería de Educación y Ciencia, Sevilla, 1992. Pintura al óleo. Datación sobre 1835.


Epílogo

Tras una breve y dolorosa enfermedad, Joaquín Manuel Fernández Cruzado falleció en Cádiz el 31 de enero de 1856. Como dijo Parada y Barreto: “Este distinguido jerezano reunía a sus méritos y servicios cualidades personales de alta estima que, unidas a su esmerada educación y a su elevado ingenio, le granjearon el amor y respeto de sus amigos, de sus parientes, de sus jefes, de sus subordinados y de sus discípulos, y de cuantos tuvieron la ocasión de mantener su trato y sus relaciones. Célebre pintor, militar distinguido, escritor curioso, patriota eminente, honrado ciudadano, su nombre será siempre un título de gloria para la ciudad que lo vio nacer”.


Manuel RUIZ LAGOS



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