Las Leyes del juego

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JUAN J. ROSA SÁNCHEZ

León para Jerez

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LAS LEYES DEL JUEGO


Los juegos se rigen por reglamentos que dictan los propios jugadores (caso de los juegos infantiles) o los organismos competentes (asociaciones, clubes, etc.) para que se desarrollen dentro de un orden y se puedan ejecutar las actividades sin perjudicar los intereses de los jugadores. En el primero de los casos son reglas abiertas que pueden cambiar los propios participantes a su voluntad; en el segundo suelen responder a la exactitud de un código que es interpretado y aplicado por un árbitro.

La ley es “Una regla y norma constante e invariable de las cosas...” También es un “Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados”. Por último la ley es “Estatuto o condición establecida para un acto particular. Leyes de una justa, de un certamen del juego.” (DRAE, 2001). Pues bien, Juan Luís Vives (1492-1540), en su obra Diálogos dicta en 1538, dos años antes de morir, las “Leyes del Juego” que después de 473 años, casi 5 siglos, siguen estando de plena actualidad.

LEY PRIMERA. Cuándo se ha de jugar. Fue criado el hombre para cosas serias, no para juegos y burlas. Mas los juegos se inventaron para recreo del ánimo fatigado de las cosas serias. Sólo, pues, se debe jugar cuando estuvieran cansados el ánimo o el cuerpo, tomando el juego no de otra suerte que la comida, la bebida, el sueño y las demás cosas que renuevan y reparan, porque tomado de otro modo sería vicio, como cuantas cosas fuera de tiempo.

LEY SEGUNDA. Con quién se ha de jugar. Así como cuando emprendes un viaje o concurres a algún convite miras cuidadoso los compañeros que has de tener, también en el juego has de procurar que sean conocidos tuyos estos compañeros, porque con los que no lo son de verdad reza lo que dijo Plauto: El hombre es lobo para el hombre a que no conoce. Sean graciosos, joviales y corteses, con los que no haya peligro de riñas ni disputas en que digas o hagas cosa torpe o indecente. No juren, no blasfemen, ni den suelta a palabras sucias para que de tal pestilencia no se te pegue algún vicio o mala costumbre. Y, finalmente, póngase a jugar como tú, esto es para alivio y descanso del trabajo.

LEY TERCERA. A qué juego has de jugar. Ante todo a juego que se entienda, porque si se ignora no hay recreo ni para el que juega, ni para los compañeros, ni para los que miran. Se ha de procurar, mientras lo permita la salud y el tiempo, que el juego, al par que diversión, sea ejercicio del cuerpo. Y también que no sea el juego de tal calidad que dependa todo de la suerte, sino que la experiencia y el saber corrijan los males azares de la fortuna.

LEY CUARTA. Qué se ha de apostar. Ni se ha de jugar sin arriesgar nada, que es majadería y aun enfado, ni se ha de apostar tanto que te inquiete el juego y te sepa mal perder, porque así no sería juego, sino tormento.

LEY QUINTA. De qué modo se ha de jugar. Al sentarte pensarás que vas a recrearte en el juego, comprando con algún dinero el reparo de la fatiga; que el juego es suerte, o sea cosa varia, incierta, mudable, por lo que si pierdes no sufres injuria alguna, y así el perder lo llevarás con paciencia, sin ceño, sin mostrar tristeza, sin maldecir de ti, ni de los compañeros, ni de los mirones; y si ganas no mostrarás soberbia ni enojarás a nadie con chistes. Serás, pues, alegre, gracioso, cortés, sin truhanería ni desenfado, ni harás insinuación a nadie de tramposo, villano o avariento, ni porfiarás, ni en modo alguno, aunque tengas razón, jurarás, que el negocio no importa tanto que hayas que poner a Dios por testigo. Recuerda que los que miran son como los jueces del juego, y cede a su dictamen sin dar señales de que no te parece bien. De esta suerte el juego es recreo, y también grata y generosa educación de un mancebo hidalgo.

LEY SEXTA. Cuánto tiempo se ha de jugar. Hasta que conozcas que te reparaste para el trabajo, y te llamen los negocios serios. Quien lo contrario hiciere, hará mal. ¡Queredlo y hacedlo así, caballeros!”


BIBLIOGRAFÍA

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (RAE U 2001). Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición. Edición electrónica. Madrid. En Rae Buscón

VIVES, Juan Luis (1538). Diálogos. Tercera edición. Colección Austral. Espasa Calpe. Argentina, 1945.


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