Lorenzo Fernández de Villavicencio Cañas y Portocarrero

De JerezSiempre
Saltar a: navegación, buscar

Volver a Portada
Volver a Jerezanos


Artículo obra del Dr. D. Manuel Ruiz Lagos


Retrato de Lorenzo F. Fernández de Villavicencio (Lit. Blasón, Madrid, 1856).

Lorenzo Fernández de Villavicencio Cañas y Portocarrero (Jerez de la Frontera 17.08.1778 – Bayona 06.08.1859). Militar. Político. III Duque de San Lorenzo. Bautizado en la iglesia Colegial de San Salvador. Fueron sus padres D. Lorenzo Justino de Villavicencio y Doña María Eulalia de Cañas y Portocarrero.


Perfil biográfico


Finalizada su educación primaria, ingresa en la milicia provincial de Jerez de la que era coronel su padre. La milicia provincial era una institución dirigida por la nobleza del país. Las antiguas compañías de las que éstas proceden habían sido modernizadas en aplicación de los reglamentos militares de 1734 y 1766, de manera que en 1808 ningún ejército europeo tenía reservas comparables a éstas.



Estas milicias recibían el nombre de los territorios y distritos de donde procedía su reclutamiento. Los jefes y oficiales eran miembros de las familias más distinguidas del país. El sargento mayor y sus ayudantes procedían del ejército regular. La tropa se nutría de quintas diferentes de las del ejército regular. Los soldados prestaban servicio de diez años y los oficiales requerían tiempo suficiente antes de obtener la categoría de veteranos.


Partida de Bautismo (Expediente del Senado de España).

Las milicias provinciales se movilizaban en época de alteración o peligro de guerra. En 1808 se organizaron cuatro divisiones de granaderos provinciales de a dos batallones cada una.


El regimiento provincial de Jerez estaba integrado por 34 jefes y oficiales y 574 unidades de tropa. Estaba destinado en Cádiz y, tras el alzamiento de la Guerra de la Independencia, se incorporó al ejército de Andalucía.


Con la graduación de teniente coronel, a las órdenes de su mismo padre, interviene Fernández de Villavicencio en 1801 en la Guerra de Portugal.


La plaza de Olivenza, agregada a España por la Guerra de las Naranjas.

En este año Napoleón conminó a Portugal a romper su tradicional alianza con Inglaterra. En estas pretensiones arrastró a España en virtud del tratado firmado en Madrid en 1801. Según el acuerdo, España declaraba la guerra a Portugal en el conflicto que sería denominado como Guerra de las Naranjas.


La campaña bélica apenas si duró poco más de diez y ocho días. El ejército español, mandado por el propio ministro M. Godoy, ocupó una serie de plazas de soberanía portuguesa, entre ellas, Olivenza y su demarcación que sería, al fin, la única recompensa a un conflicto que se zanjaría por la firma de la Paz de Badajoz.


Terminada la guerra, Villavicencio, en 1802, fue ascendido por méritos al grado de coronel y designado Jefe del regimiento de Jerez en reconocimiento a su valor militar táctico sobresaliente.


La guerra patria

El año de 1807 se encontró en la defensa del puerto de Cádiz bloqueado por los ingleses y, al año siguiente, tomó también principal parte en la sumisión de la escuadra francesa que tan hábilmente supo hacer rendir el ilustre jerezano Tomás de Morla.


Vista de Cádiz (Grabado de J. Chereau. París, 1780).

Morla, con el que, nuevamente, se encontraría en la posterior defensa de Madrid, sustituyó en el mando de la plaza de Cádiz al fallecido general Francisco Solano y tuvo a su cargo la estrategia de doblegar al almirante Rossilly, comandante de la anclada armada francesa. La rendición, con la que, realmente, se inicia la Guerra de la Independencia en la Baja Andalucía, llenó de júbilo a los habitantes de Cádiz. Los 3676 prisioneros, los 442 cañones requisados, los 1641 quintales de pólvora, 1429 fusiles y 101.568 balas de fusil que formaban el botín –además de otros pertrechos de guerra y víveres- pueden, mejor que otro dato- dar constancia de la importancia del hecho.

Imagen del asedio napoleónico a la Ciudad de Cádiz.Sobre dibujo de F. Pomares. Grabado de B. Pinelli, 1816.

La victoria de Morla –de la que no estarían ausentes destacados jerezanos- crea en la ciudad un gran optimismo. El viejo almirante inglés Collingwood, que había sucedido en el mando a Nelson y que en aquel momento se había transformado en aliado a España por los azares de una política internacional que el temor a Bonaparte trastocaba, fue el primero en felicitar a Morla: “Por la energía del pueblo español debe ver el continente de Europa que hay aquí una excepción en las usurpaciones, que han obligado a muchos estados a una degradada dependencia y se ofrece el ejemplo de lo que es capaz una gran nación cuando se halla unánime”.


El ejemplo de Cádiz conduciría inevitablemente a la creación de un ejército del Sur al que le estaría reservado su mayor timbre de gloria en la batalla de Bailén. Gran parte del modelo de milicia cívica futura se organizaría según las directrices de Morla, recogidas en su opúsculo titulado “Primitivo cuerpo de los voluntarios honrados de Cádiz” (Vid. Manuel Ruiz Lagos, “Documentos para la biografía del General Tomás de Morla”, Jerez, 1972).

Villavicencio, comisionado por la Junta de Defensa, formada en Jerez –siguiendo las normas de Morla- llevó a cabo el reclutamiento de soldados y la organización de regimientos, así como otras comisiones con tal acierto y actividad que la Junta Suprema de Sevilla acordó premiarle con el ascenso a brigadier, resolución llevada a cabo el 16 de septiembre de 1808.

Al frente del regimiento provincial de Jerez, se une al ejército de Andalucía y se dirige al centro de Castilla desde donde se le encomienda participar en la defensa de Madrid, señalándose atrevidamente en la batalla de Somosierra.

El encuentro bélico tuvo lugar el 30 de noviembre de 1808. Huido el rey intruso José Bonaparte de Madrid y victorioso el ejército español en Bailén, Napoleón con un ejército de 35.000 soldados determina conquistar la capital de España sin verse obligado a destruirla. Frente a él se emplaza el General Benito San Juan con un cuerpo de ejército de unos 8.000 hombres, en su mayoría bisoños, que intentan defender el puerto de Somosierra.


Batalla de Somosierra. Óleo sobre lienzo de L. F. Lejeune, 1810.

Ante la presencia de Napoleón sus fuerzas-en principio- se ven rechazadas por tres veces. Para sofocar tal inseguridad, se despliega ante el emperador la caballería polaca del Coronel Krasinsky, dando un vuelco a la batalla que se conduciría a un fatal desenlace y que abriría al francés las puertas de Madrid.

Villavicencio se señaló valientemente ante la caballería y su temerario arrojo- dicen las crónicas- dio lugar a considerables pérdidas en el regimiento provincial de Jerez, alineado junto al de Écija, Badajoz y Sevilla. Derribado con los restos de su batallón, fue hecho prisionero y conducido por los franceses a Pamplona.

Carga de la caballería polaca en Somosierra.Grabado de P. Girardet sobre dibujo de K. Girardet, 1837.

Logra evadirse y presentarse ante sus jefes del tercer ejército. Se le abre proceso en consejo de guerra para depurar sus responsabilidades en caso de delito de infidencia a la patria. Finalmente, como consta en la Gaceta del 7 de noviembre de 1812, se justifica su proceder y conducta y la Regencia del Reino se declara satisfecha.

Liquidada la guerra patria, en 1819, es condecorado por su primera actuación en los sucesos de Cádiz de 1808. En 1820 se le concede la medalla de sufrimientos por la patria y, finalmente, en 1822, el Gobierno Constitucional le otorgó la Gran Cruz de Carlos III.

Tiempos convulsos

Retrato de la Reina Regente María Cristina de Borbón (Grabado de Ch. Chorand. Iconografía Hispana. Biblioteca Nacional de Madrid).

Llegado a su fin el trienio de gobierno liberal de Fernando VII, la fortuna de Villavicencio se torna problemática y oscura. Aunque no hay una información directa, los hechos evidencian una clara actitud de protesta del jerezano durante la década reaccionaria y ominosa del reinado fernandino.

En 1823, Villavicencio obtiene la licencia por cuatro años del ejército y se marcha a Bruselas. Todo tiene la traza de un exilio voluntario, al menos intermitente, motivado por sus ideas liberales. Queda claro que durante casi siete años, hasta 1830, debió dedicarse a confirmar y legalizar los honores y distinciones de los que había sido objeto por el gobierno constitucional y su propia situación personal. La prueba evidente se ofrece en la tramitación de la certificación de la concesión de la Orden de Carlos III que se reconoce otorgada en 1822 y depurada en 1830 (Archivo Histórico Nacional/ Estado.Exp.2071).

En 1833, procedente del ejército de Castilla la Nueva se le destina de cuartel a Jerez, estancia breve pues en el mismo año se le concede pasaporte para Italia.

Estatuto Real.

A la muerte de Fernando VII en 1833, su esposa, María Cristina de Borbón accede al trono en calidad de Regente, durante la minoría de la futura reina Isabel II. El fin del período de gobierno absolutista animó a los liberales, partidarios de la Regente, a implantar de nuevo la Constitución de 1812.


La posición de la reina, aconsejada, entre otros, por su ministro F. Martínez de la Rosa, se decanta, con el ánimo de agradar a moderados y progresistas, por sustituir la primera constitución por una carta otorgada, denominada “Estatuto Real”. En él se diseña un modelo de Cortes bicameral formado por la Cámara Alta o Estamento de Próceres, constituido por Grandes de España y electos del Rey, de carácter vitalicio, y la Cámara Baja o de Procuradores, elegidos por un número reducido de censatarios poseedores de rentas altas.

Constitución del Estamento de Próceres, Madrid, 1834.

Así, en la legislatura de 1834-1835, Villavicencio, por designación real, fue nombrado senador prócer del Reino. Posteriormente, vigente la Constitución de 1837, repitió el escaño de senador por la provincia de Cádiz, cargo del que dimitió el 18.05.1838.

Se constata que, al menos, hasta 1845, con ligeras interrupciones, estuvo desplazado por países de Europa. En 1846, fue ascendido al empleo de Mariscal de Campo, declarado senador vitalicio, y condecorado con la Gran Cruz de la Orden Militar de San Hermenegildo. Reconocido en 1847 como Comandante General de Alabarderos. Figuró como representante general de la nobleza de la Corte, por su antigüedad y en su calidad de Grande de España. En 1848, ante las revueltas y revoluciones que se sucedían en Europa, fue el primero en ofrecer su fidelidad al Trono, siéndole reconocido públicamente el mérito.

Nobleza acreditada

Expediente de la Orden de Carlos III (Archivo Histórico Nacional).

Lorenzo Fernández de Villavicencio pertenecía a una acreditada y antigua nobleza en Jerez. Estuvo casado en primeras nupcias con su prima hermana Doña María Josefa Salcedo Cañaveral y Cañas, fallecida en 1837, de la cual heredó los títulos de Duque del Parque, Marqués de Vallecerrato y Castrillo y Conde de Belmonte de Tajo, poseyendo –por su parte- el Ducado de San Lorenzo y los Marquesados de Casa-Villavicencio y de la Mesa de Asta.

De este primer matrimonio, aunque la cita aparece raramente, nació su hija María Fernández de Villavicencio y Cañaveral (30.10.1800 – 28.07.1811).

Casó en segundas nupcias con Doña María Josefa del Corral y García de cuyo matrimonio nacieron seis hijos que, en su momento, heredaron los títulos pertinentes: Lorenzo José, Duque de San Lorenzo de Vallehermoso (AHN / Consejos. Exp. 326). Manuel Joaquín, Marqués de Vallecerrato (AHN / Consejos. Exp. 327). Luis José, Duque del Parque (AHN / Consejos. Exp. 328). José Fernando, Marqués de Castrillo. María Lorenza, Condesa de Belmonte de Tajo (AHN / Consejos. Exp. 331). María Eulalia, Marquesa de la Mesa de Asta (AHN / Consejos. Exp. 330).

Escudo del Ducado de San Lorenzo.

Entre otras distinciones, era el Duque de San Lorenzo, Alcaide Perpetuo de los Alcázares y Torre del Homenaje de Jerez; Notario Mayor del Reino de León; Señor de Valhermoso y Pozuela y Señor de las Villas de Vallecerrato, Belmonte de Tajo, Castrillo, Lijar y otras.

Hay un dato curioso sobre el Duque que no nos resistimos a anotar, afecta a su afición y experiencia en la composición musical. Sin más comentarios, advertimos que en la Biblioteca Nacional de Madrid se conserva una partitura musical suya dedicada. Dice así: “Premier air varié pour le violon avec accompt. de piano: dedié a son neveu Francisco Ponce de León”. Se supone datada en la primera mitad del siglo XIX. Posiblemente, la partitura está dedicada a su sobrino Francisco, hijo de su hermana Doña María Consolación, casada con D. Luis Ponce de León.

Falleció en Bayona el 6 de agosto de 1859. La noticia fue dada a conocer en Jerez por "El Guadalete" de 10.08.1859.Su cadáver fue trasladado a Madrid en donde fue inhumado en el cementerio de la Sacramental de la parroquia de San Salvador y San Nicolás, extramuros de la puerta de Atocha, el domingo 21 de agosto de 1859.


Manuel RUIZ LAGOS



Jerez 70.jpg
Herramientas personales
Ver para creer