Diego González Lozano

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DIEGO GONZALEZ LOZANO

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Diego González Lozano

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Fotógrafo.
Nacimiento 1860
Jerez de la Frontera
Fallecimiento 1923
Jerez de la Frontera

Fuente Diario de Jerez


Diego González Lozano, nace en 1860, en la jerezana calle Moral nº 4, afamado fotógrafo jerezano, contrajo matrimonio con Carmen Ragel Rendón, de cuya unión tuvieron siete hijos. Mujer de gran sensibilidad que falleció en 1908, por lo que al encontrarse viudo solicitó la ayuda de una ama, de la que es justo decir llevó a cabo una encomiable labor, porque los crió y educó en la observancia de las normas de urbanidad y respeto.

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Bibliografía:

  • La fotografía en Jerez del siglo XIX, de Eduardo Pereiras. Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Jerez de la Frontera. 2000.
  • Identidades. La fotografía jerezana por los fotógrafos deñ XIX y primera mitad del XX, de Adrian Fatou. Cajasol. Sevilla, 2010.

El Guadalete, periódico jerezano activo entre 1873 y 1936, publicó una sentida necrológica el 13 de febrero de 1923: Anoche dejó de existir nuestro estimado convecino y amigo D. Diego González Lozano. Supo acreditar D. Diego su cámara fotográfica hasta igualarla y aun elevarla a las más solicitadas de Jerez y la provincia. No fue esto, con ser mucho, la consecuencia del fin que al Sr. González guiaba: D. Diego logró “colocar”, dicho así, “colocar” a sus hijos en su profesión, acaso tan ingrata como la del periodista de batalla, y ahí está la muestra: las muestras de Diego, de Carlos -que luchan en Madrid- y de Javier (…). Esta noticia acredita que el padre de Ragel, Diego González Lozano (1860-1923), fue uno de los documentalistas gráficos más relevantes de Jerez en el cambio de siglo. Colaborador habitual de varias revistas (La Ilustración española y americana, Blanco y Negro, La Esfera y Panorama Nacional, entre otras), sus fotografías fueron muy difundidas al recoger todos los acontecimientos locales de importancia: las batallas de flores de la feria de 1903, la inauguración de la caseta del Casino Nacional en la feria del mismo año, la visita del rey Alfonso XIII a Jerez en 1904, etcétera. González Lozano fotografió con gran habilidad numerosos temas del gusto de la sociedad jerezana: caballos, ganadería, labores de viña o de bodegas, corridas de toros, acontecimientos festivos, Semana Santa. Al parecer, también destacó por sus fotografías con aplicaciones de magnesio y por una técnica de fotografía en relieve muy apreciada por sus clientes. Su carte de visite nos habla de los servicios que ofrecía:

Especialidad en retratos para niños. Ampliaciones en todos los tamaños. Pinturas por varios sistemas. Porcelanas, ópalos papel aristo, citratos y al platino. Esta casa tiene el último adelanto en la fotografía. Retratos de relieve en todos sus detalles. Con privilegio exclusivo por 20 años en Jerez, el Puerto y Sanlúcar. Corresponsal artístico del Blanco y Negro y Sol y Sombra.

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González Lozano se presentaba como “sucesor de Montenegro”, ya que heredó del fotógrafo Gervasio Alonso Montenegro su local de la calle Larga nº 15. Esa misma dirección figura en la partida de nacimiento de su hijo Diego. Allí dio sus primeros pasos, y allí se iniciaron él y sus dos hermanos en la fotografía, tal y como recoge El Guadalete.

Debemos reseñar que un tercer fotógrafo se había formado con anterioridad en el estudio de González Lozano, posiblemente entre 1892 y 1893. Hablamos de José Demaría López, Campúa, destinado a convertirse en uno de los reporteros gráficos más importantes de nuestro país. Con este dato, pretendemos subsanar el error historiográfico, hasta ahora difundido, que considera a Ragel, y no a su padre, maestro de Campúa. En cualquier caso, sí es cierto que el estudio de la calle Larga dio cobijo a varios talentos. De hecho, debemos detenernos también en el extraño genio de Carlos, hermano menor de Diego. Pese a que trabajó también en el estudio familiar, y que la fotografía no se le dio mal, Carlos González Ragel se inclinó por la pintura, una pintura visionaria y flameante, poblada de personajes de ultratumba. Sus esqueletomaquias, hoy bien conocidas, escenas valleinclanescas que oscilan entre lo macabro y lo folclórico, no son sino el fiel reflejo de la peculiar personalidad del autor. Fue Carlos, Skeletoff, un personaje curioso, al que su amigo el poeta Juan Gotor definió como "Mefistófeles, flaco, anguloso e inquieto / embozado en su capa (calavera en el broche), / que labora durante toda la noche / royendo los cartílagos de cualquier esqueleto". Carlos se instaló durante un tiempo con Diego en Madrid, expuso su obra en diversas ocasiones y alcanzó cierta fama, una trayectoria sin embargo truncada por su tendencia a la depresión, su afición por el alcohol y las correrías nocturnas. A partir de 1936, tuvo que ser ingresado varias veces en los hospitales psiquiátricos de Málaga y Sevilla, y fue definitivamente internado en el sanatorio de Cienpozuelos en 1956. Allí pasó el resto de sus días, hasta 1969, dejando un legado variopinto y disperso que actualmente está siendo redescubierto y valorado como ejemplo, destacable por su idiosincrasia, del modernismo pictórico español. Diego González Ragel, al igual que su hermano, gustaba de la compañía de sus muchos amigos; sus fotografías nos hablan de una intensa vida social, aunque no tan excesiva como la de Carlos. Ragel se casó en Madrid con Pilar Mellado. Del matrimonio nacieron seis hijos: Pilar, Carmela, Diego, Teresa, Aurora y Margarita, tristemente fallecida a muy corta edad. El chico, Diego, fue su ayudante desde pequeño; le vemos en algunas fotografías sosteniendo la tela de fondo para los retratos de estudio o acompañando a su padre en algunos viajes. Gracias a él y sus recuerdos, hemos podido recomponer la historia de Ragel, y ha sido posible preservar parte de su trabajo. En una entrevista concedida en 1952 a la revista Sombras, dijo refiriéndose a su padre: "Era un caballero pundonoroso en toda la extensión de la palabra. Jamás habló de los compañeros, ni les negaba nada de lo que pidieran. ¡Cuántos han publicado fotos hechas por él y cedidas generosamente! A su lado, nadie pasaba necesidades."



colaboró con sus reporgtajes fotográficos en revistas como “La Ilustración Española y Americana”, “Blanco y Negro”, “La Esfera” y “Panorama Nacional”, entre otras. Tuvo siete hijos, de los cuales, Diego, Carlos y Javier seguirían con éxito los pasos del padre; destacando sobre todo el mayor, Diego, que también colaboró en distintas revistas madrileñas. Su segundo hijo, Carlos González Ragel, también cultivó el dibujo y la pintura, creando la “esqueletomaquia” que tanta fama le dio.

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Diego González nace en 1860, hace ahora 150 años, en la jerezana calle Moral nº 4. Aunque comienza su actividad fotográfica con anterioridad, no es hasta la muerte de Gervasio Alonso de Montenegro en 1888 cuando se asocia con la viuda de Éste y se coloca al frente del afamado estudio de c/ Larga 15. Sería en ese estudio, de la primera planta del inmueble, en el que Diego González desarrollaría toda su labor fotográfica. Aunque la principal característica de este fotógrafo es precisamente la contraria, el salir de las paredes del inmueble para reflejar con su cámara la realidad social que le rodeaba. Y es así como se forja una ingente colección de fotografías de los más diversos temas, que constituyen todas ellas un testimonio de incalculable valor documental sobre cómo era la sociedad jerezana, sus clases, sus costumbres sociales, los actos políticos y económicos, los deportes, los toros, el mundo de las bodegas y sus empresas auxiliares, los trabajadores, el patrimonio artístico, temas familiares, etc… Todo un entretejido de imágenes que constituyen el más fiel y completo reflejo social del Jerez de finales del XIX y principios del XX. Siendo estos los valores que hacen de Diego González un fotógrafo crucial en la historia de la fotografía local injustamente reconocido hasta ahora.

Si bien su obra no tiene unos valores estéticos tan excepcionales, sÍ se hizo bandera de muchos de los avances técnicos del momento, como sus retratos a tamaño natural en los que se aprecia el magistral uso del retoque y efectos de relieve o el uso por primera vez en Jerez del magnesio en una fotografía, como es el caso de la instantánea tomada en 1898 de un acto en el Teatro Principal, que estaba en c/ Mesones, para recaudar fondos para la Guerra de Cuba, de la que traemos a esta página su reproducción.

En 1908 quedó viudo, a la edad de 48 años, con siete hijos, algunos aún pequeños, que sacar adelante. Sus valores humanos y su incansable capacidad de trabajo le hicieron persona muy apreciada socialmente, como se demuestra con su presencia en todos los ámbitos, lo que le valió el reconocimiento profesional generalizado. Fruto de ello es su importante presencia en la mayoría de colecciones fotográficas particulares y empresariales de la época a las que hemos tenido acceso.

Pero la labor de Diego González no acabaría en él, ya que en su estudio se formaron fotógrafos tan importantes como José Luis Demaría López 'Campua', uno de los más prestigiosos fotógrafos de prensa a nivel nacional, y Manuel Pereiras Pereiras (padre de Eduardo Pereiras Hurtado) junto con sus hijos Diego, Carlos y Javier González Ragel a los que cedió posteriormente su estudio.

De ellos Diego cosechó éxitos también en Madrid como fotógrafo de prensa y del Banco de España. Y Carlos fue un magnífico fotógrafo pero pronto cambiaría la cámara por los pinceles. Ellos dieron lugar a generaciones de notables artistas que perduran hasta hoy en nuestra ciudad.

Diego González Lozano falleció en 1923 dejando tras de sí una magnífica labor fotográfica.


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