El Balneario de San Telmo

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El Balneario de San Telmo

José Antonio Cirera González
08/01/89 El periódico del Guadalete


A finales del pasado siglo se empezó a murmurar que muy cerca a los terrenos del Cerro del Fruto se había descubierto un manantial de aguas sulfurosas que en un principio creyeron se trataba de un yacimiento petrolífero.

Balneario San Telmo, Foto: Archivo José A. Cirera

La gran escritora Maria Xerez nos citaba en uno de sus estupendos artículos periodísticos referente a este balneario que aquel rumor creció y como chiquillo travieso corrió de calle en calle y llamó de casa en casa y todos supieron que a las puertas de Jerez existía un venero de aguas medicinales y pronto se oyó que muchos mandaban por ella para tratar afecciones herpéticas, llamadas rebeldes, eczemas pertinaces y, lo que es más, el alivio obtenido o la completa curación. Algunas familias llevaban cargas de cántaros o barriles destinados a baños que otras de clase humilde tomaban cerca del manantial cobijadas por sombrajos que ellas mismas se confeccionaban.

Todo esto dio motivo para que el Señor Marqués de Bonanza, Don Manuel Críspulo González Soto, construyera el magnifico edificio del Balneario de San Telmo, que fue durante algunos años el orgullo de los jerezanos.

Balneario San Telmo, Foto: Archivo José A. Cirera
Las aguas bondadosas del balneario emergían de un pozo cuya altitud era de 3,20 metros por debajo de su nivel, en el sitio conocido por el nombre de los Llanos de la Brea, llamado vulgarmente por la denominación de Playas de San Telmo, en un pequeño cerro de gran altura de nombre El Pinillo, una de las últimas estribaciones de la Sierra de San Cristóbal.

Según una Gaceta Balneóloga de 29 de julio de 1899 vamos a hacer una descripción de lo que fue el balneario en su época de esplendor. El edificio estaba a una distancia de Jerez de 1.800 metros, estando formado por una construcción de estilo moderno a la que precedía una amplia escalinata que daba acceso a una espaciosa terraza desde la que se contemplaba un pintoresco y extenso panorama y servía de base a la fachada principal del edificio que medía 30 metros de extensión.

En eI vestíbulo se encontraban los despachos de la administración y el del médico director, dando paso a un salón destinado a descanso de los bañistas en el que había un piano y servicio completo de escritorio para uso dé los mismos.


Balneario San Telmo, Foto: Archivo José A. Cirera
Esta sala daba paso a un patio cuadrangular que medía 14 metros por cada lado y el cual estaba rodeado por una galería cubierta en la que existía una báscula automática, en el centro una hermosa palmera, en los ángulos dos kioskos de hierro que servían para sacar los billetes y beber el agua respectivamente. Una galería, cuya amplitud era de tres metros, daba acceso a los cuartos destinados para baños generales, la mayoría con doble pila, quedando instalado en cuatro de ellos un aparato de duchas para los casos en que conviniera la combinación de ambos medios de aplicación balneoterapia. Los materiales empleados en la construcción de las pilas, cuyo número ascendía a 24, eran diversos: había de porcelana, última palabra de la asepsia balnearia, de mármol blanco de macael y de mármol artificial.

Al frente de esta galería se encontraba la sala de aparatos de duchas convenientemente instalados y con los que se podían llenar todas las indicaciones balneoterápicas, auxiliar poderoso del tratamiento hidromineral. A los dos lados de estas dependencias estaban situadas las habitaciones destinadas para vestuario en las que había ademas una pila en cada una, conteniendo una de ellas el baño de asiento con hidromezclador, para las duchas vaginal, recial, perineal y lumbar. En la misma galería y a su izquierda estaban los departamentos para las pulverizaciones nasales y auriculares, montadas como los demás aparatos, con arreglo a los últimos adelantos de la industria balnearia.

Balneario San Telmo, Foto: Archivo José A. Cirera
Completaban estos servicios varias dependencias anexas entre las cuales las más importantes

señora y al igual que los demás departamentos reunían los más indispensables elementos de comodidad y confort.

En la parte superior y posterior del establecimiento y, como remate de la referida instalación, se encontraba el local destinado a restaurante, ornamentado con alto zócalo de azulejos, ladrillos labrados y pintados, el que se comunicaba por tres puertas con otra terraza destinada a juegos de sport que servían de esparcimiento y recreo a los concurrentes.

El comedor del restaurante estaba adornado con objetos artísticos y antiguos y medía 15 metros de extensión por 8 de ancho en cuyos extremos se hallaban las cocinas, separadas del mismo por dos aparadores adosados a la pared medianera que separaban los citados locales y en la que se encontraban empotrados los lomos de servicios.

A poca distancia del edificio estaba el pabellón destinado a los pobres convenientemente preparado para cualquier servicio que sus dolencias reclamaban con completa independencia.

Adosado a la parte derecha del balneario se encontraba la casa llamada de máquinas, en la que había instalados dos motores de vapor de 8 caballos de fuerza cada uno, destinados a elevar el agua a los depósitos y obtener la calefacción de las mismas por vapor libre.

Foto: Archivo José A. Cirera
Foto: Archivo José A. Cirera
Foto: Archivo José A. Cirera
Foto: Archivo José A. Cirera
La gran extensión de terreno que rodeaba a este edificio era de unos 33.000 metros cuadrados, en los que había numerosas plantaciones que convenían dicho paraje en un paradisíaco lugar.

El Balneario de San Telmo se abrió al público el día 26 de agosto de 1899, aunque no se inauguró oficialmente hasta el mes de abril del año 1900, durando este establecimiento hasta el año 1911, que cerró sus puertas.

Duranie el período que estuvo abierto al público la temporada de baños era del 1 de junio al 30 de septiembre, fechas en las que venían bañistas de todas las regiones de España.

El balneario se encontraba rodeado por un amplio paseo para carruajes que facilitaba el acceso a la parte alta del mismo a los convalecientes que por su estado de salud no les era posible efectuarlo por sí solos.

El edificio del balneario también fue utilizado por la aristocracia jerezana para celebrar fiestas nocturnas, dadas la esbeltez y majestuosidad de la edificación.

El transporte de personas desde cualquier punto de la ciudad hasta el balneario costaba 0,75 centímos.

Transcurrido el tiempo, este esplendoroso edificio sirvió como tejar para confeccionar ladrillos. Y hasta hace pocos años se albergaban en este lugar numerosas familias que carecían de viviendas. Hoy sólo se conserva de lo que fue en el pasado esta opulenta construcción unos trozos de escaleras y varias esbeltas palmeras como fiel reflejo de lo que fue en su día un suntuoso jardín de Edén.

JOSE A CIRERA GONZALEZ


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