La Mano Negra
| Volver a Portada Jerez, a través del espejo |
LA MANO NEGRA
| El autor de este artículo es Manuel Ruiz Lagos, quien avala -por su dedicación y especialización en temas jerezanos y andaluces- la correcta y rigurosa situación de este fenómeno histórico.
El profesor Ruiz Lagos, jerezano, es Doctor en Filología Románica. Hasta su jubilación, ha sido Catedrático de Literatura Española y profesor de Sociología Literaria de Andalucía en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. Especialista en estudios andaluces de la época moderna y contemporánea, destacan de su bibliografía los siguientes trabajos: "Ilustrados y reformadores en la Baja Andalucía", "Política y desarrollo social en la Baja Andalucía", "Ensayos de la Revolución. Andalucía en llamas", "País Andaluz", "El andalucismo militante, "Ramón de Cala", "Retrato de Juan Goytisolo", "Moriscos: De los romances del gozo al exilio" y "Contra moriscos: El sumario Bleda". Es premio "Andalucía" de periodismo del Ateneo de Málaga y del Colegio de Licenciados y Doctores de Jaén, así como del diario ABC de Sevilla. |
Contenido |
Apuntes para una reflexión
Si una fecha es importante en la historia contemporánea de Andalucía y, particularmente, de Jerez, ésta es, sin duda, la de 1883. A la luz de los tiempos, en la perspectiva de más de ciento veinte y cinco años, aparecen en ella ante nosotros sucesos reveladores, datos de primera magnitud que podrían explicar nuestras tradicionales y difíciles circunstancias sociales, culturales y políticas, hasta el punto de constituir su meditación un punto de partida esclarecedor para el correcto análisis del momento presente.
El año 1883 es emblemático en nuestra pródiga y rica crónica. No será casual que, junto al recuerdo del andalucismo histórico, nacido también –entonces- por la discusión y redacción de la Constitución Federal de Antequera, haya otros acontecimientos que detecten la evolución social y política de nuestro país. Mientras políticos federalistas se afanaban por encontrar respuestas apropiadas al magma andaluz, el río interior de lava ardiente, el ensayo de la revolución, se desbordaba con los famosos sucesos conocidos bajo el epígrafe de La Mano Negra, ocurridos en Jerez y comarca en la primavera del referido 1883.
No sería ninguna equivocación pensar que el proyecto político federal para Andalucía nacía como respuesta a una dura conflictividad obrera, cuyo testigo señalado se evidencia en la implantación de la Internacional, debatida en estos años en este espacio territorial entre las corrientes marxistas y bakuninistas. De forma paralela a esta circunstancia del obrerismo, aparecen los trágicos sucesos de La Mano Negra, cuyo origen, fin, contexto y proyección siguen siendo hoy -después de haberse convertidos en leyenda - casi enigmas.
Será, pues, éste un artículo que trate de situar con todo rigor la problemática de los hechos, apoyándose en la documentación histórica y en las interpretaciones que distinguidos especialistas han tratado de dar a tan oscuro capitulo de los movimientos sociales andaluces, sin pretender llegar a conclusiones definitivas sino provocar una inquietud y reflexión personal sobre los mismos.
Causa y origen de la organización
Cuando Andalucía se debatía por superar los mínimos estadios de su desarrollo, cuando su estructura socio-económica permanecía limitada en una demarcación exclusivamente agraria, el nombre de La Mano Negra era la advocación que las madres usaban para asustar a sus hijos.
Del relato de los hechos que se exponen y, aun, recurriendo a los fondos documentales a nuestro alcance de la forma más exhaustiva, se podrá poner en entredicho el origen de dicha organización, incluso su posible existencia, pero lo que sí queda ampliamente demostrado, como punto de partida, es la adversa situaron de abandono en que se encontraban las clases populares, dependientes de un sistema secular de orden económico injusto y proclive, por tanto, a derivar en reacciones de contestación social.
El caso de La Mano Negra constituye un grave episodio, un flash fotográfíco, de una situación penosamente sostenida. Una típica “alteración” andaluza que, como el magma de un volcán, emerge inesperadamente por las fisuras sociales y arrasa todo lo que obstruye su paso.
Discutidos o no, los sucesos de La Mano Negra serán, en gran medida, fruto de la incultura, de la insolidaridad y de la depauperación.
En cualquier caso, la meditación sobre estos hechos lejanos que hace más de un siglo conmovieron a la opinión pública debiera ser tenida, a la luz de la historia, como punto de reflexión. Calibrar estos hechos es una grave responsabilidad que a todos nos cumple para contribuir a superar desdichadas situaciones endémicas que impidieron a esta tierra nuestra abandonar definitivamente los estrechos límites de la pobreza.
Una “sociedad” de pobres
Un narrador contemporáneo -Manuel Cubas- describe así el ambiente de las poblaciones afectadas: “Durante la primavera y estío de 1883, las ciudades han presentado un aspecto triste; cuerdas de presos que entran y salen de la cárcel; el estado de los ánimos, las nuevas prisiones a cada momento, el temor, el recelo, todo él comunicaba una fisonomía especial. Parecían ciudades atacadas por una terrible epidemia o donde se hacen los preparativos para una guerra, y todo contrastaba con el aspecto risueño de sus hermosas campiñas, que desde el centro de la población se domina por completo”.
El primer caso -presuntamente relacionado con esta Asociación- fue el de Fernando Olivera Montero, fallecido en Arcos, “de resultas de un golpe que él mismo se había dado con la culata de una escopeta, según se decía". La indagatoria del proceso cita a una serie de testigos para aclarar la verdad de los hechos. La esposa del asesinado, María Josefa Navarro, acusa a Cristóbal Duran Gil de amenazar a su marido y expresa que la intención del presunto homicida fue coaccionar a su esposo para que “se apuntara a la Internacional".
Ante la implicación política suscitada, Durán se reconoce, en principio, miembro de dicha sociedad política, pero aclarando que: “no ha conocido sociedad alguna que tenga por objeto matar, ni robar, ni para ello -dice- tengo yo principios. Yo sólo sé de una sociedad de socorros para la familia, y no para matar."
A partir de este momento se suscita la pregunta histórica: ¿Se actuaba contra un posible “orden internacionalista”, achacándole hechos de una Mano Negra inexistente o creada para ejercer la represión del movimiento obrero?
Finalizado el proceso, los inculpados fueron condenados a cadena perpetua. Otro de los abogados defensores, Francisco Camacho, no estuvo conforme con las conclusiones del fiscal, por razones graves y profundas que afloran a lo largo del proceso: “Tampoco –dice- hay términos hábiles para asegurar que la sociedad a que se creen afiliados los procesados sea la que se conoce con el nombre de Mano Negra o a la Internacional (AIT), ni que las lesiones producidas por los acusados fueran de tal gravedad que originaran la muerte de Olivera”.
Es evidente que el abogado supo separar los notables matices y diferencias que —sin duda— existían entre la Internacional y la hipotética Mano Negra, caballo de Troya de la situación.
Antecedentes de la organización
El ambiente que rodeaba a los procesos no podía ser más negativo. Las viñas eran destrozadas por la noche. Los plantes de braceros se habían convertido en algo cotidiano. “A pesar del buen estado del campo - escribe Cubas- las viñas adelantaban poco porque los propietarios no podían dar todas las labores que necesitaban a causa de las crecidas exigencias de los jornaleros. Todos los braceros hablaban con la mayor naturalidad de la Junta, como ellos llamaban a la sociedad a la que pertenecían y confiaban mucho en su triunfo”.
Los datos aproximados, ya que los sumarios son problemáticos, arrojan la siguiente estadística de Asociaciones Obreras Andaluzas integradas en la Internacional. En la Alta Andalucía, 69 federaciones locales, 179 secciones de oficios y un total de 19.181 obreros federados. En la Baja Andalucía 61 federaciones locales, 180 secciones de oficios y aproximadamente 19.168 obreros federados.
Concretamente, en la campiña jerezana se anotan los siguientes obreros internacionalistas: canteros 22, jornaleros 150, viñadores 700, toneleros 120.
A causa de los sucesos que estamos relatando, se citan cuatrocientas causas incoadas ante el juez de Orden Público, 234 personas sometidas a jurisdicción especial acusadas de socialistas, así como 40 personas ingresadas en la cárcel de Jerez sin proceso abierto.
Entre otros recuerdos que se desenterraron fue uno de ellos el que en 1855, cerca de treinta años antes, se descubrieron por la Guardia Civil asociaciones masónicas y carbonarias con tendencias análogas a las de la Mano Negra. Un tal don José Astudillo, de mucha celebridad, fue conducido a Sevilla con otros muchos prisioneros. Más tarde, después de las sublevaciones de Arahal, se descubrió en dicha villa una denominada “Sociedad Filo-Comunista” y varios individuos de ella fueron fusilados. Antes del año 1868 volvieron a reproducirse los sucesos que -periódicamente- desde la aplicación de las antiguas leyes agrarias se venían presentando, si bien -ahora- la organización obrera parecía más fuerte y poderosa.
Por las listas que obraban en poder de las autoridades, constaba que apenas había un bracero que no perteneciese a una asociación obrerista, para el sostenimiento de la cual pagaban religiosamente una cuota mensual de tres reales, siendo socorridos en caso de enfermedad o carencia de trabajo. Había mujeres afiliadas que eran designadas con el nombre de “compañeras” para misiones especiales. Estos u otros datos eran recogidos exhaustivamente por los reporteros del momento.
Tan populares eran las “asociaciones” que -incluso- aparecieron en las manifestaciones folklóricas de la tierra:
| Todas las niñas bonitas
Tiene en casa un letrero Con letras de oro que dicen Por un asociado muero.
Que por qué me despreciaba Y me contestó serena Que en la “asociación” entrara. |
El Blanco de Benaocaz
Sin duda alguna, el caso que conmovió a la opinión pública y el que ofrece una mayor acritud obrerista fue el seguido a los hermanos Corbacho, por el presunto asesinato político de Bartolomé Gago Campos, también conocido como “El Blanco de Benaocaz”. El número de las personas implicadas y sus declaraciones dejan claras sus adscripciones a la Asociación de Trabajadores pero, también, dejan patente que el móvil del asesinato de "El Blanco” no fue más que la casuística que desencadenó el descubrimiento de raíces políticas nada implicadas en los hechos.
El móvil de la detención parte del descubrimiento del cadáver de Bartolomé Gago Campos, conocido como "El Blanco de Benaocaz", asesinado y sepultado en el lugar llamado "El Algarrobillo", del término de Jerez.
De las indagaciones y careos dedujo el Tribunal. en su sentencia, que "dicho asesinato promovía la causa del delito en la existencia de una Asociación que dicen proponerse el mutuo auxilio de los trabajadores, en la que los socios se conocen por números y existe un centro denominado comisión organizadora, al que conceden la facultad para dictar "decretos de muerte" contra los asociados; decretos que, llevando el sello de la organización y la firma del presidente, deben ser ejecutados inevitablemente por socios, aunque la muerte afecte a sus propios padres, so pena, en caso contrario, de sufrir el mismo castigo" (Sentencia del proceso de los hermanos Corbacho. Autos. Madrid. 1883).
Sin tener pruebas fehacientes aunque sí indicios y contradicciones de los procesados, se achaca desde el primer momento al móvil político la causa de la muerte de Gago Campos, y se declaran como componentes de la “Gestora de la Junta” a Francisco Corbacho, Pedro Corbacho, Juan Ruiz Ruiz y Roque Vázquez García.
En las pruebas periciales se aporta el llamado "Reglamento del Núcleo Popular-Mano Negra”, documento que no pertenece a este proceso y que fue cedido por el juez de Orden Público que actuaba en otra causa seguida contra Manuel Estévez, por asociación ilegal y reunión clandestina.
Este puede ser el documento sobre el que se gestó el mito de La Mano Negra. Su importancia es capital y su contenido nos refuerza en la idea de la posible existencia de un "grupo liberado' extremista que realizase acciones incontroladas que – posteriormente- se relacionaran equivocadamente con la Internacional y sus afiliados en la Baja Andalucía.
Creación del Tribunal Popular
En el articulado del famoso Reglamento se leen disposiciones como la siguiente: "Habiendo sido la Asociación Internacional de los Trabajadores puesta fuera de la Ley por los gobiernos burgueses, ha tenido que convertirse en organización revolucionaria secreta, para llevar a cabo la revolución social violenta; pero como para llegar a este término tienen que pasar algunos años y la burguesía no para de cometer crímenes contra la clase trabajadora, cuyos crímenes es menester castigar antes que llegue la revolución social, y considerando que todos los federados no son a propósito para llevar a cabo estos castigos de un modo conveniente, por estas razones se forma un núcleo denominado "Tribunal Popular', cuyo tribunal será el encargado de sentenciar y castigar los crímenes de la burguesía.” ( Clara E. Lida, La Mano Negra, Madrid, 1972).
Sobre esta cuestión, la exposición del acusado Juan Ruiz Ruiz, maestro de escuela, es de las más enérgicas. Declara ser el número cuatro de la sociedad. Afirma ser socialista y haber fundado la federación de El Valle. Reconoce que se rige por las Actas del Congreso de Barcelona de 1881 y señala como promotores de la organización a los directivos de la "Revista Social”. Se niega a reconocer existencia de La Mano Negra y el "Reglamento del Núcleo Popular”.
Sin embargo, la actuación del defensor Salvador Dastis e Isasi fue clara y contundente, llena de juicio crítico y situando el problema en su justo lugar: “No se trataba -dijo- de condenar a la Internacional sino de aclarar lo ocurrido en un caso clasificado como de homicidio”.
La sentencia definitiva del Tribunal Supremo, colofón al dictamen de los jueces Juan A Hernández Arbizu, Carlos Toledano y Gregorio Cordón: “confirmó la pena de muerte impuesta por el inferior a los reos Pedro y Francisco Corbacho Lagos, Manuel y Bartolomé Gago de los Santos, Cristóbal Fernández Torrejón, José León Ortega y Gregorio Sánchez Novoa, añadiendo a esta fúnebre lista el nombre del llamado maestro de escuela Juan Ruiz y Ruiz, que el tribunal de Jerez sólo había considerado acreedor a la pena de cadena. Se dispuso lo conveniente para que la sentencia tuviese cumplido efecto, mandándose suspender en la persona de José León Ortega, hasta ver el resultado de su enajenación mental” (M. Cubas, Historia de La Mano Negra, Madrid, 1884).
Y, así, esta macabra historia-narrada con todos sus detalles-se convirtió en pasto de periódicos y revistas. Y mientras unos creían en una justicia cumplida, otros sospechaban manejos ocultos de doble intención. Lo cierto es que pocos se pararon a pensar en las palabras póstumas del ajusticiado Juan Ruiz, publicadas por “El Cronista” de Jerez, en su edición del 8 de agosto de l884, tomadas de una carta dirigida a su esposa:”Educa a tus hijos de la más noble manera; como sabes, ha sido mi objeto principal. Si en algo te he faltado perdóname. Yo estoy con mi conciencia tranquila y, por lo mismo, en gracia de Dios”.
Al margen del proceso anterior, fueron - también- usados otros como acciones de la macabra organización. Nos referimos al seguido contra Juan Galán Rodríguez por asesinato de Juan Núñez Chacón y de María Labrador y homicidio de Manuel Román Ortiz.
El relato del suceso aparece recogido exhaustivamente en el informe del fiscal don Pascual Domenech en su actuación del 19 de septiembre de 1883 y en las primeras diligencias del caso.
Ausencia de clase media
Los graves sucesos de Jerez y comarca dieron lugar a importantes intervenciones parlamentarias. La primera estuvo a cargo del Duque de Almodóvar del Río e – íntegramente - fue publicada por el periódico jerezano “El Cronista”. En su exposición analizaba que habían llegado a tal estado las cosas: "De suerte que se observa en Jerez y se podría extender la afirmación a buena parte de las ciudades que pueblan la bahía de Cádiz, de que siendo la pequeña propiedad una excepción y la industria manufacturera casi nula, se observa el fenómeno de que no existan más que dos cuerpos sociales, uno de propietarios y labradores en situación holgada y otro de jornaleros. Uno que vive del producto de la renta o del producto de la labor, y otro que vive producto de su salario. Es decir, que siendo pequeña en representación la clase media, nos encontramos allí con un fenómeno extraño a todos los países de Europa; falta el eslabón que enlaza la alta clase con el proletariado. Pero - además - no es el proletariado de aquellas ciudades el que depende del salario que gane en una industria fabril - trabajo casi constante- sino una numerosa clase jornalera que vive de un salario sujeto a las eventualidades del tiempo que es - en suma- el proletariado campesino…” (“El Cronista”, 18-03-1883).
El Duque de Almodóvar señala como especialmente responsables de la situación a una cierta aristocracia y burguesía. Les acusa de haber creado en el proletariado andaluz “una desconsoladora deficiencia moral”. Indica otras carencias en la ética del comportamiento ciudadano y agrega: “Aberración que consiste en no ver el bien donde está, ni el mal donde está el mal, que consiste en no saber marcar la línea divisoria entre uno y otro; aberración moral, en suma, que desenvuelve una enfermedad del espíritu, parecida a la enfermedad física, cuyo síntoma es el trueque de los colores de un daltonismo moral”.
Mientras tanto seguían las delaciones, las detenciones y la prensa más conservadora veía en el castigo aislado de La Mano Negra la única medida para solucionar el conflicto.
El diputado de la minoría federal don Pedro Moreno Rodríguez, en su discurso de interpelación al Gobierno, termina de puntualizar las razones de Almodóvar: “…El señor duque de Almodóvar y yo llevamos como los demás labradores de Jerez y de Arcos, muchos años de sufrir “Manos Negras” o de otro color, que todas nos dan el mismo resultado. Estamos acostumbrados a sufrir los daños, poniendo por nuestra parte el remedio que podemos. Probablemente, hemos contraído ya cierto hábito que nos hace ver la cuestión con serenidad, sin que nos asuste”. Y agrega: “Mientras las masas obreras han tenido libertad para reunirse, se han dedicado a la política y han estado dirigidas por hombres políticos. El hambre y la falta de trabajo ha llevado su contingente al ejército de las faltas. Vengo gestionando la apertura de obras públicas. Nada se ha conseguido por causa del eterno expediente que entorpece todo en nuestro país. Ha habido falta de créditos. Cosas que deben preverse desde ahora porque la calamidad no ha pasado allí, ni pasará en mucho tiempo. Por un espíritu de centralización que late en nuestras costumbres toleramos este abandono un año y otro más.”(“El Cronista” 19-03-1983).
Por su parte, el Duque de Almodóvar del Río, D. Juan M. Sánchez y Gutiérrez de Castro (Jerez 1850-Madrid 1906), era - en el momento de los sucesos - diputado por Córdoba. A partir de las elecciones de 1886 lo fue - hasta las de 1905 - de la circunscripción de Cádiz, distrito de Jerez. Ministro de Estado en varias ocasiones durante la Regencia de María Cristina y Alfonso XIII. Representante de España en la Conferencia Internacional de Algeciras de 1906.
Nadie puede negar, pues, que se desconociera el hondo problema social que encubría el turbio asunto de La Mano Negra. Pero -quizás- como escribió el periodista de la época I. Tauzín: “La Mano Negra vendría a ser, simplemente, la resolución por la fuerza de lo que debe resolverse por la razón y por el peso de la opinión pública”.
Una interpretación bakuninista
Ante el cúmulo de desdichas, la propia AIT desmintió formalmente su relación con la violenta organización. La Federación de Trabajadores de la Región Española (FTPE) publicó la siguiente declaración: "Conste una vez más que nuestra Federación nunca ha sido partidaria del robo, ni del incendio, ni del secuestro, ni del asesinato, sepan también que no hemos sostenido ni sostenemos relaciones con lo que llaman Mano Negra”. Y la propia Revista Social -aquella que fue tantas veces citada en los procesos- argumentaba: “La Mano Negra no puede ser sociedad de obreros, sino –quizás- de algunos alucinados adheridos, tal vez, a ideas irrealizables, constituida más por criminales que por obreros.” (8-03-1883).
Para M. Tuñón de Lara: “Nada permite -en suma- hablar de La Mano Negra como organización. Ello no es obstáculo para que pudieran existir pequeñas mafias (grupos influenciados por el anarco-comunismo) en las fronteras de la rebeldía secular y de la delincuencia común que, hábilmente explotadas por los órganos de poder, sirvieron a justificar una represión y una campaña que, pese a sus protestas, quebrantaría, en cierto modo, a la FTRE. Los más extremistas, minoritarios en el Congreso de Sevilla, tornaron el título de "Los desheredados" y celebraron un congreso en Sevilla. Llegaron a sentenciar a muerte a la comisión federal y no es descabellado relacionar estos hechos con la hipotética existencia de la Mano Negra”.
Según C. E. Lida:”La Mano Negra es uno de esos típicos ejemplos de grupos minoritarios que discrepaban con la línea oficial establecida por la Federación Española y no la seguían. Si bien la Mano Negra fue probablemente aplastada para siempre en 1883, sus ideas básicas no desaparecieron, sino que continuaron en otras organizaciones andaluzas, tales como "Los Desheredados', que prosiguieron la lucha, y hacia 1886 el comunismo anárquico comenzó a ser adoptado oficialmente por algunos periódicos de la clase obrera”.
En nuestra opinión, con todas las cautelas, cabe una posible interpretación sobre este enigma histórico. La Mano Negra presentaría similitudes muy parecidas con el famoso “tchorni peredial” (reparto negro), del filobakunista ruso Plejanov. Antes de la aparición del marxismo, la actitud de las organizaciones revolucionarias estaba aquejada por los defectos de la ideología de un movimiento que -debido a la debilidad numérica del proletariado en un país esencialmente campesino-, se movía todavía en la imprecisión y en el confusionismo. El “reparto negro” de Plejanov parecía unir a la lucha de clases ácrata, un perfil peculiar autónomo y autogestionario. La semejanza de nombres, de ideología y de acción serían las piezas que faltaran para encajar en lo que realmente fue un movimiento campesino ácrata, de raíz bakuninista (M. Ruiz Lagos, Ensayos de la Revolución. Andalucía en llamas, Madrid, 1977).
Estas mismas opiniones, con pequeñas variantes, aparecen mantenidas por M. Nettlan en sus estudios sobre la I Internacional en España. Resta, pues, señalar, lo que es sumamente difícil de dilucidar: la verdadera relación de los internacionalistas ajusticiados con el "Núcleo Popular" de la presunta secreta asociación. Este sigue siendo el verdadero reto para un correcto conocimiento de La Mano Negra, más de cien años después de su aparición estelar. *
Andalucía, otoño de 2009.
- La versión primera de este artículo apareció publicada en el diario ABC de Sevilla en los meses de enero y febrero de 1983, año en que se conmemoraba el centenario de los sucesos de La Mano Negra. En la ilustración de este trabajo, en lo posible, se han procurado usar los grabados del jerezano Juan Comba y García (Vid. Miguel B. Márquez, “Juan Comba y García: cronista gráfico de La Restauración”, Ámbitos, núm. 15, 2006, pp. 365-404). Es un orgullo volver a usar el trabajo gráfico del jerezano para aquello mismo que fue creado. Incorporamos, igualmente, aquellos otros grabados que aun no datados, procedentes de bancos de datos generales, son testimonios de los sucesos que se narran.









