La dominación francesa en Jerez I

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LA DOMINACIÓN FRANCESA EN JEREZ I

Manuel Ramirez López & José I. G. Palomeque
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LA DOMINACIÓN FRANCESA EN JEREZ I



Garrochista.Grabado Archivo: Manuel Ramirez López & José I. G. Palomeque

Actos y más actos se piensan celebrar en la provincia gaditana para conmemorar el Bicentenario de las Cortes Generales y Extraordinarias convocadas en la villa de la real Isla de León el 24 de febrero de 1810, pocos días antes, las tropas francesas hacían su entrada por el lugar conocido por “el Altillo” en Jerez de la Frontera.

Nosotros, humildes servidores de la historia, vamos a iniciar un pequeño repaso por los hechos y acontecimientos que se protagonizaron en nuestra ciudad o fueron protagonistas nuestros paisanos, durante aquellos convulsos años llamados de la Guerra de la Independencia.

El ejercito mandado por Teodoro Reding, el Marqués de Coupigni y el anciano Félix Torres junto a las guerrillas del presbítero Ramón de Argote, de Pedro de Valdecañas, de José Cruz, los Lanceros Jerezanos mandados por José Cherif y los Voluntarios de Caballería de Utrera, capitaneados por José Sanabria, marcharon hacia Bailen. Era verano del año 1808.

El General Francisco Javier Castaños Aragorri pasó revista a las tropas en los campos de Utrera, preparando lo que sería el preludio del primer triunfo revolucionario. Tras abandonar por la madrugada del 18 de julio Andújar, el general francés Pierre-Antoine, conde Dupont de l'Étang, se encontró con Castaños. José Cruz con las tropas ligeras, con las guerrillas, los Voluntarios de Utrera y los Lanceros de Jerez, durante la batalla, deshacen el ala izquierda francesa.

Cuando Dupont después de 8 horas de combate pidió una tregua estaban extenuados. Mientras se parlamentaba, unos para ganar tiempo y otros para dominar más al rival, los españoles daban cántaros de agua a los franceses que en masa acudían casi deshidratados. Tras varias horas y negándose rotundamente Castaños a ceder nada a los gabachos, se firmó la capitulación en Andújar. Dupont entregó a Castaños 8.248 hombres el día 23 y Dominique Honoré Antoine Marie Vedel y Dufourt sus 9.393 hombres.

El campo de batalla quedaba atrás; murieron en combate 2.000 franceses y los españoles sufrieron 200 muertos y 700 heridos.

En el parte de guerra, Reding a Castaños, dado en Bailen el 22 de julio, después de elogiar el valor de las tropas, enaltece a las guerrillas; a la compañía de Lanceros de Jerez (garrocheros), señaladamente a su jefe José Cherif, gravemente herido y a los Voluntarios de Caballería de Utrera con su comandante José Sanabria a la cabeza: “Por el valor que todos han mostrado y por los honrosos servicios que han prestado en cuantas ocasiones se les ha ofrecido durante la batalla”.

El 23 de agosto entró en Madrid el general Castaños con los victoriosos soldados de Bailen y las guerrillas andaluzas, que fueron recibidos con una inmensa ovación a los ecos del Himno de la Victoria: “Dupont, terror del Norte, / Fue vencido en Bailen, / Y todos sus secuaces, / Prisioneros con él, / Toda la Francia junta, / lloraba este baldón, / Al son de la Carmañola / ¡Muera Napoleón!”.

Lo que más llamó la atención del pueblo fueron los Lanceros Jerezanos, que venían delante, vestidos como los hombres del campo en Andalucía, con el sombrerito de calaña de copa baja con moña, y como armas, las garrochi-lanzas que usan para picar las reses en el campo y un cuchillo de monte en la faja; el pañuelo de color rojo en la cabeza atado a la nuca cuyos picos caían sobre la espalda dejando ver una coleta envuelta por redecilla negra, chaquetilla corta con hombreras y caireles, chaleco medio abierto por el que asomaba un pañuelo atado al cuello, faja negra o roja, calzones ajustados hasta la rodilla y botín abierto que dejaba ver medias azules o blancas.

José I al encaminarse a Sevilla tropezó en Ecija con las fuerzas del duque de Alburquerque, quien, sabidas en Extremadura, donde se hallaba de la invasión de las Andalucías, corrió a su defensa, tratando de interceptar en Carmona el paso a José, ante el cual hubo de replegarse, marchando a Jerez y luego a la Isla de León con ánimo de defender a la Junta Central.

El Escuadrón de Lanceros Voluntarios de Utrera y Jerez ha pasado a la historia y la leyenda con el nombre de "Los Garrochistas" por sus temerarias acciones en el combate de Menjíbar y en la Batalla de Bailén.

La valía potencial de sus jinetes la demuestra el hecho de que el teniente general Castaños no incorporó al Ejército de Andalucía las unidades de nueva creación que hubo que encuadrar con el enorme voluntariado surgido tras el levantamiento nacional en el mes de junio. Castaños tan solo hizo tres excepciones: tres batallones de Voluntarios de Granada, el Batallón de Cazadores de Antequera y dos secciones de lanceros formadas por voluntario de Utrera y Jerez, conocidos como los "garrochistas".

En el campo de entrenamiento de Utrera no pasaban de 70 jinetes. Es muy posible que durante el mes de julio se les uniera algún jinete más. Probaron su valía en el combate de Menjíbar, ocurrido el 16 de julio de 1808. En esa ocasión formaban con los escuadrones del Regimiento de Caballería Farnesio y los mandaba el capitán del mismo José Cherif.

En esta ocasión los garrochistas cargaron en vanguardia junto a los jinetes del Farnesio y alancearon a los infantes franceses, que se vieron obligados a refugiarse en un olivar cercano. Volvieron a la carga junto a jinetes del Farnesio y de Olivenza, pero esta vez se enfrentaban a infantería disciplinada formada en cuadro. Sufren numerosas pérdidas, entre las que se cuenta el capitán José Cherif, muerto desangrado por sendas heridas en las muñecas.

Donde saltaron a la leyenda los "garrochistas" fue en la [[Batalla de Bailén. Formaron en la tercera línea del ala izquierda, junto a los 120 jinetes del escuadrón del Regimiento España de la 2ª División Coupigny. Tras las bajas sufridas tres días antes en el combate de Menjíbar no superarían el centenar de jinetes, aunque ciertas fuentes les dan una fuerza de 136 lanzas. Por contra, los "garrochistas" tenían como única ventaja la de ser jinetes ligeros y poder maniobrar más fácilmente por los olivares cercanos, por no hablar del resurgir de las unidades de lanceros que cobró forma en la Guerra de la Independencia como excelente arma de choque.

La superioridad numérica de los jinetes franceses acabó con el valor de los "garrochistas". Testigos españoles del combate y que formaron parte de la Comisión Militar de 1.850 declararon que "unos lanceros que venían vestidos de paisano, al presentarse los Dragones y Coraceros sobre nuestra izquierda, tuvieron tal choque que de los lanceros no quedaron ni la cuarta parte... se cebaron tanto en perseguir a los franceses que llegaron hasta el grueso del ejército, atravesando todos los olivares, con pérdida de más de tres cuartas partes de su fuerza".

Tan solo sobrevivió una treintena escasa de "garrochistas". Algunos acompañaron al teniente general Castaños hasta su entrada en Madrid. El resto perdió su vida entre en el campo de batalla después de haber alanceado a numerosos y experimentados dragones y coraceros galos. Los historiadores franceses les señalaron con el adjetivo de "redoutables”, temibles.

Ya por aquellos días y por noticias particulares llegadas a esta ciudad, como también oficiales, que se recibieron después en el Ayuntamiento jerezano, se tenía conocimiento del estado de efervescencia del pueblo español, tanto en el Norte de la península, como en toda Castilla, Valencia y Andalucía con motivo de la invasión de los ejércitos napoleónicos, incluso era curioso el ver a “ejércitos infantiles a las salida de los colegios respectivos, jugando a los desfiles de tropas, armadas de de escopetitas de caña, y que reflejaban el ambiente que veían en sus mayores, precursor siempre de toda guerra”.

Inmediatamente se ordenó con toda la rapidez posible el alistamiento de tropas voluntarias y así una vez más, se recurrió más al vecindario con el fin de reunir, vestuario, caballos, armamentos y sobre todo dinero para sostener dicho contingente de hombres. Un encendido patriotismo no exento del mayor de los temores invade todo Jerez. Los conventos de monjas y otras Órdenes religiosas hacen entrega de ornamentos sagrados, de plata que entregan con el fin de venderlos y ayudar a tan patriótica idea. Después las personas pudientes de la ciudad, no sólo facilitan grano, ropas, mantas, trajes, vendas, caballos, vino, ganado vacuno, sino que con un entusiasmo enorme ofrecen a la Junta a sus hijos, con sus caballos y armados de garrochas. (Diario Ayer del 2 de Julio al 6 de Septiembre de 1944. “La dominación francesa”. Artículos de Adolfo Rodríguez del Rivero; Priego López, J. y Priego Fernández del Campo, José. “Historia de la Guerra de la Independencia.1808-1814” Tomo 2. Madrid, Ministerio de Defensa, Editorial San Martín, 1972-2007).


Manuel Ramírez López & José I. Gómez Palomeque


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