La dominación francesa en Jerez X

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LA DOMINACIÓN FRANCESA EN JEREZ X

Manuel Ramirez López & José I. G. Palomeque
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LA DOMINACIÓN FRANCESA EN JEREZ X


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Pero a pesar de la caótica situación que vivía la ciudad de Jerez, con motivo de la estancia de los ejércitos napoleónicos, en este año abrieron sus puertas tres cafés cantantes con su correspondiente billar e incluso ruleta. Se hallaban en la Puerta del Real, en la calle Larga y en la calle Medina, los que diariamente se llenaban de españoles y franceses en total confraternización. Como curiosidad apuntar que Julián Rondín, dueño del establecimiento de la calle Larga, fue sancionado por los muchos beneficios que obtenía de la ruleta que tenía instalada en su negocio, en perjuicio de los jugadores. También se le concedió permiso y exenta de todo arbitrio, a Catalina Fracasada, para que actuara en la ciudad con su Compañía de Títeres, por ser muy recomendada y muy amiga del general francés, de la plaza.

La España bajo el yugo del ejército francés, comenzó a transformarse en todo, incluidas sus más ancestrales costumbres. Uno de aquellos cambios vino con la supresión del coche donde se trasladaban los muertos al cementerio, sustituyéndose por unas parihuelas cubiertas con un paño negro.

El control sobre las personas fue otro de los cambios bruscos experimentados en aquella sociedad inmersa en una sangrienta guerra. Desde comienzos de abril “todo vecino y residente en esta población sin distinción de persona, no podrá admitir en sus casas para alojarse o pernoctar en ellas a individuos alguno sea del sexo, estado, edad o calidad que fuere, sin dar cuenta al comisario de su cuartel, manifestándole sus nombres, estado y ejercicio, además de los Pasaportes que deberán traer estos forasteros: cuyas noticias bien individualizadas, habrán de dar precisamente antes de 12 horas de haber llegado a sus casas el forastero, y efectuado lo mismo luego que salga de ellas con destino a cualquier otro pueblo. Se reputarán por forasteros todo individuo del Ejército Francés que esté alojado sin boleta, y se dará parte de él a el Comisario de sus respectivos barrios. Los dueños de las Posadas, Mesones, y demás casas públicas a donde se acojen los transeúntes deberán dar un parte al Toque de ánimas a el Señor Comandante Militar, y otro a las respectivas comisarías de sus cuarteles, poniendo el nombre de cada individuo de los que tengan en sus casas, el lugar de donde viene, y a dónde van, para que los señores comisarios puedan reconocer a los expresados individuos, y cotejarlos con las notas, conmutando las faltas de los dueños con las penas que se juzguen correspondientes. Desde el 25 del corriente mes, no podrá ningún labrador ni hacendado de campo ocupar en sus labores individuo alguno que no presente el documento de seguridad que se les expide por la Policía. Cada labrador dejará a su respetivo comisario de Barrio una lista de las personas que ocupa en el trabajo de sus cortijos, y haciendas así como los temporiles o sirvientes que tienen empleados en ellos por meses, a fin de cotejar dichas listas con los padrones que hay en la comisaría general, haciéndoles responsables de las conductas de los individuos que tengan empleados si no dan parte al instante de cualquiera de ellos que se fugue; y deberá entregar a los expresados comisarios de Barrio las referidas listas a las 12 de la mañana del día en que lleven gente a trabajar”.

Los bandidos y la guerrilla campeaba a sus anchas por nuestra provincia y tanto las autoridades españolas impuestas por el invasor, como estos mismos, poco podían hacer para acabar con ellos, cuando por otra parte, recibían la generosa ayuda de los habitantes del país para cometer sus fechorías. Uno de aquellos robos, que además fueron reiterativos en muchas ocasiones, se produjo en el Cortijo de Santo Domingo, donde sustrajeron una porción escandalosa de ganado yeguar.

Aquello colmó la paciencia del Prefecto Sotelo de tal modo, que envió una carta al Cabildo municipal acusándolos de haberse “abatido al despreciable extremo de dejarse robar impunemente por falta de energía y por una insolencia criminal que tal vez tenga parte de condescendencia”. La fórmula presentada para corregir tan grave circunstancia, se argumentaba en la milicia, “cuyo principal instituto es reducido a conservar el orden y aprender a todo hombre que careciese de buenos principios que dictan la religión y el honor lo invierte y desmoraliza, y al mismo tiempo posee una porción numerosa de hacendados provistos de dependientes de probidad, conocimientos y espíritu que deben reunirse en cuadrillas para vigilar su término y destruir los males que quedan indicados”. Finalizaba su alegato Sotelo, amenazando a las autoridades locales que si no advertía, “una pronta y conocida reforma en los robos de ganados que con tanta frecuencia se experimentan en la ciudad, me veré en la dura precisión de dar cuenta de ello a S.M., e interesarme en que dicte una providencia que pueda serle desagradable”. Dando de plazo veinticuatro horas para que se le expusiera el plan previsto para hacer desaparecer a las cuadrillas que tenían atemorizados con sus acciones, al ejército francés, a los hacendados, afrancesados y a los gobernantes de la Prefectura jerezana. No pararían ni un instante dichas autoridades en luchar por el exterminio de los guerrilleros, creándose el 15 de Junio para tal fin en las capitales de provincia, una Junta Criminal, compuesto de un fiscal y cinco jueces. En dicho Tribunal Extraordinario de Justicia se juzgarían casos de espionaje, correspondencia con los insurgentes, asesinatos, robos e incendios en caminos por fuerza armada, uso de rejón, puñal o arma de fuego sin permiso. Los detenidos serían juzgados en veinticuatro horas y los condenados a la última pena, serían ejecutados el mismo día.

Paralelamente a la Junta Criminal, existía en cada población otro tribunal, esta vez militar especial, al frente del cual figuraba el primer jefe del ejército que existiese, un fiscal y cuatro capitanes o subalternos, los cuales juzgaban sin apelación ni consulta alguna, a cualquier persona fuese quien fuese y que se le prendiese como guerrillero, como gancho o confidente del ejército nacional, sufriendo la horca o fusilamiento y poniendo en la puerta de su domicilio, la pena impuesta al habitante de la finca y las causas, y así nos encontramos la relación de fusilados, agarrotados y ahorcados en 1811, acusados de colaboración con el enemigo: Ejecutado el 24 de Marzo, Antonio Vázquez, arriero de la casa de los Cárdenas, fusilado; 20 de Abril, José Pantoja, fusilado; 19 de Julio, Juan Ortega, fusilado; 5 de Septiembre, Juan Valle San Martín, fusilado; 5 de Septiembre, José Montesinos, agarrotado; 19 de Octubre, José García Cantarero, ahorcado; 20 de Noviembre, Manuel Varela, fusilado. Cristóbal Sánchez, fusilado; Tomás Cepeda, fusilado; Rodrigo Flores, fusilado; Salvador Rodil, fusilado; 22 de Diciembre, Antonio Pérez Mollano, agarrotado; Juan Álvarez, fusilado.

Quizás, por las dudas que le generaba la Milicia existente, a finales de este mes de Junio de 1810, Sotelo instó al gobierno municipal a la organización de una Compañía de Francos Escopeteros de Andalucía, como fuerza de choque para la captura y eliminación de los patriotas que luchaban contra los ejércitos imperiales.

No obstante dicha Compañía comenzaría su andadura después de la firma por S.M. del Decreto de 11 de octubre, a “instancia de las autoridades constituidas y de los principales propietarios sobre los fondos de mantener el buen orden y la tranquilidad pública, reprimir los latrocinios, asegurar las comunicaciones y arrestar los malhechores”.

El número de personas necesarias para completar la unidad armada se tomaría de los Distritos dependientes del Departamento y a Jerez le correspondería un Capitán, un Teniente, dos Subtenientes, 5 Sargentos de los cuales, uno sería primero, ocho Cabos, un Trompeta, 2 Tambores y ciento veinte Escopeteros, haciendo un total de ciento cuarenta hombres. De ellos, el Capitán, un subteniente, 2 sargentos, 3 cabos, el trompeta y 50 escopeteros serían montados.

El mantenimiento y formación la misma sería igualmente competencia de las autoridades locales, quienes además, podían aumentar el número de efectivos hasta igualar su fuerza con la compañía franca de Sevilla y entonces recibirán el número de Oficiales, Sargentos, Cabos y Tambores, correspondientes al aumento.

Los Oficiales de las compañías francas de escopeteros, serían propuestos por el Teniente General Martí: “se sacarán de los mismos grados que se hallen al servicio de S.M.C., y disfrutarán del sueldo de vivos: así como las raciones de subsistencia y de forraje que les corresponda por reglamento, y serán satisfechos en virtud de los extractos de revista que librará el Señor Intendente de las tropas de S.M. C.”. (Diario Ayer del 2 de Julio al 6 de Septiembre de 1944. Varios Artículos de Adolfo Rodríguez del Rivero; AMJ. Acta Capi. Tomo 148. F. 147. 28/04/1810; AMJ. Acta Capi. Tomo 149. 11/10/1810; Felipe Alonso del Puerto. “Los franceses en Xerez. La Prefectura”. Edi. AE. Jerez. 2008)



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