Manuel López Cepero

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Manuel Lopez Cepero

Artículo obra del Dr. D. Manuel Ruiz Lagos


Óleo de Francisco Cabral y Aguado Bejarano)
Manuel López Cepero y Ardila (Jerez de la Frontera 05.03.1778 – Sevilla 12.04.1858). Hijo de D. Gil Cepero y Dª Juana de Ardila. Bautizado en la antigua parroquia de Nuestra Señora de la Victoria.


Recibió su formación primaria en las escuelas pertenecientes al Colegio de Santa Ana de los Mártires, de la recientemente –entonces- extinguida Compañía de Jesús y que, no obstante, su supresión en abril de 1767 siguió funcionando bajo régimen secularizado.


Su inclinación a cursar estudios universitarios, la ordenación sacerdotal y los deseos de conseguir una mayor cualificación intelectual hicieron que Manuel López Cepero se trasladara a Sevilla en 1801, desde cuya fecha iba a quedar enlazado para siempre con la metrópoli andaluza, sin que ello significara un corte de relaciones sino, más aun, una añoranza de su querido Jerez. Desempeña los curatos de Albaida y de la parroquia del Sagrario de Sevilla, desde donde tanta actividad política realizaría en los años preconstitucionales de Fernando VII.


Bachiller en Teología en 1801. Licenciado en Teología en 1802, miembro de una promoción universitaria en la que destacarían sus amigos Alberto Lista, José Mª Blanco, Félix J. Reinoso y Justino Matute y Gaviria. Adquiere el grado de Doctor en Teología en el mismo año 1802. Licenciado en Cánones en 1807.



Lecciones políticas para el uso de la juventud española
En 1808, al estallar la Guerra de la Independencia, fue uno de los primeros que levantaron su voz desde el púlpito en defensa de la causa nacional. Sus palabras- apoyadas por folletos como “A Sevilla libre” y “Abeja española”- escuchadas con entusiasmo por el pueblo de Sevilla, aceleraron la constitución de la Junta Suprema, tomando Cepero una parte muy activa en todo lo referente a la defensa del país. Fue nombrado teniente de Vicario General castrense del ejército que se puso bajo las órdenes del general Castaños.


Es elegido por la Junta electoral de Cádiz como Diputado por dicha provincia para las Cortes de 1813. Miembro en las mismas de las Comisiones de Reglamento, Gobierno Interior, Ultramar y Pacificación. Publica su texto político-pedagógico “Lecciones políticas para el uso de la juventud española”.


Depurado en 1814 por el absolutismo fernandino. Proscrito y preso en la Cárcel de la Corona de Madrid por sus ideas liberales y constitucionalistas. En 1815 es deportado e internado como recluso en la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla. Inicia la redacción de sus inconclusas “Cartas Apiarias”.


Se incoa contra él y otros liberales causa de estado e inquisitorial por sus convicciones políticas. Se le acusa, entre otras cuestiones, en su proceso de atentar contra la soberanía real, propagar máximas revolucionarias para extraviar la opinión del pueblo, de usar intrigas y manipulaciones dentro de las Cortes, de autorizar reuniones ilegales, colaborar en prensa libertina, ser propenso a la emancipación americana y colaborar a encender en los ánimos el espíritu de la guerra civil. Es trasladado de la reclusión de Sevilla a la Cartuja de Cazalla de la Sierra.

Espadaña de la Cartuja de Cazalla.
Antigua Cartuja de Cazalla de la Sierra, reclusión vigilada del liberal López Cepero.


Nombramiento oficial como Senador Vitalicio (Expediente del Senado de España).
Iniciada la nueva coyuntura política, el trienio liberal, López Cepero es elegido diputado para las Cortes de 1820-1823 por las circunscripciones de Cádiz y Sevilla, aceptando – con arreglo a la legislación vigente- la de Sevilla, por ser la de su vecindad. Desempeñó en ellas el cargo de Secretario y dirigió toda su actividad a propulsar la reconciliación entre liberales y realistas. Publica en 1821 su “Catecismo religioso, moral y político”.


Un pliego popular que describe satíricamente las condiciones y semblanzas de los Diputados a Cortes dice de él: “Cura amable, padre amoroso, cura galán, cura lindo. Alto, buen mozo, ojos negros, con un cierto chiste y donaire de la tierra de Jerez, sobre todo para remedar a sujetos conocidos y compañeros suyos. Amigo de pinturas, de monedas y de buenos muebles y enemigo capital de toda etiqueta; aficionado al verdor de los campos, aunque sea en las picotas de Sierra Morena y amigo de cuantas bellezas nos ofrece pródiga la naturaleza”.


En 1823 y, a pesar de haber practicado una política de conciliación, es perseguido por el furor absolutista. Nuevamente, es encarcelado en Sevilla y liberado por no ser considerado culpable. Renuncia al puesto de chantre en la catedral de Cádiz.



Curación de la mangla o tiñuela en el olivo y todos los árboles
"Sevilla Pintoresca". Catálogo de época de la colección pictórica de López Cepero.
La década de 1824-1834 vive retirado en Cazalla de la Sierra, prácticamente en régimen de libertad vigilada. Visita Jerez con motivo de la muerte de su único hermano de cuyos hijos se encarga como tutor.


Durante su estancia en la sierra sevillana mantiene una activa correspondencia con la intelectualidad de la época y publica su libro “Curación de la mangla o tiñuela en el olivo y todos los árboles” (1835). Sus cartas, dirigidas y recibidas de Juan Nicasio Gallego, Alberto Lista, Sebastián Miñano o Félix J. Reinoso exponen con toda veracidad los problemas de la época sobre los afrancesados y la infidelidad a la patria, la crítica del realismo absolutista, la responsabilidad del liberalismo constitucionalista o cuestiones estético-literarias entre la Ilustración y el Romanticismo.

La liquidación de la época fernandina y la iniciación del período isabelino beneficia al jerezano. En 1835 es nombrado canónigo de la catedral hispalense. También se le expide título de ministro del Real Tribunal del Excusado, la comisión de Vocal de la Junta de Armamento y Defensa de Sevilla y la encomienda de la orden de Isabel la Católica.


Verificada por entonces la extinción de las órdenes monásticas, se encargó de salvar los monumentos artísticos y literarios de los conventos de Sevilla. En esta labor estuvo secundado por otras personalidades beneméritas como José Arespacochaga y Serafín Estébanes Calderón, a la sazón jefe político de la provincia. Reconocido coleccionista de arte, en 1850, su pinacoteca alcanzaría su máximo esplendor. Contribuyó a la creación del Museo de Bellas Artes de Sevilla y a la remodelación de la iglesia de la Universidad.


Sevilla a fines del siglo XVII, cuadro que perteneció a la colección López Cepero.(Anónimo).


Sin embargo, todavía, una vez más, se vería implicado en la causa política. No estuvo ajeno en plena época isabelina en la disputa bélica entre los generales Espartero y Narváez, apoyando a este último.


En el verano de 1843 presenciaron los españoles el derrumbamiento del gobierno autoritario del general Espartero y de las huestes progresistas que le habían ayudado. Como un reguero de pólvora se había propagado la sublevación, de Málaga a Granada y luego a Almería para terminar en Sevilla. En la defensa de la capital andaluza, cercada por las tropas de Espartero, se distinguió, de nuevo, el canónigo liberal Manuel López Cepero.


Retrato de Manuel López Cepero ("Anales de Sevilla" de J. Velázquez y Sánchez, 1872)
Interior de la Catedral Metropolitana de la que fue Deán.(Parcerisa, 1833).


Derrotado Espartero, la nueva situación política vuelve a beneficiar al jerezano. En 1844 es nombrado Deán de la Catedral Metropolitana. Un año más tarde, en 1845, se le nombra Catedrático de Teología, en la asignatura de Sagradas Escrituras de la Universidad hispalense, de cuya Facultad de Teología llegaría a ser Decano. En la misma fecha fue designado Senador vitalicio del Reino.


Perteneció a las Academias de Bellas Artes de Sevilla, de la que fue Director de 1850 a 1857 y a la de Buena Letras de la misma ciudad. Igualmente, ocupó en Madrid en 1847 el sillón “D” de la Real Academia de la Lengua Española y fue miembro, también, de la Academia de San Fernando. Tras larga y dolorosa enfermedad, falleció en Sevilla el 12 de abril de 1858.

Epistolario del Dean López Cepero Exhortación del 25 07 1813 El Dean López Cepero y la Ilustración Romántica


Manuel RUIZ LAGOS


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