Maria del Pilar Paz Pasamar
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MARIA DEL PILAR PAZ PASAMAR
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Pilar Paz Pasamar | |||
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| Maria del Pilar Paz Pasamar | |
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Escritora | |
| Nacimiento | 13 de febrero de 1933 |
| Jerez de la Frontera | |
Biografía
María del Pilar Paz Pasamar
Nació en Jerez el 13 de febrero de 1933. Escritora, Una de las voces más importantes de la poesía española del siglo XX y aun del XXI.
Dos hechos marcan la vida de esta escritora por una parte la historia de amor protagonizada por sus padres: la madre era una cantante de arias de ópera y zarzuela, amante del teatro y con un prometedor porvenir en la música, que, por cierta reticencia familiar y por conocer a quien sería su
marido, abandonó su carrera de cantante.
Y por otra el estallido de la guerra civil en 1936. Era el año 1939, y la atrocidad de la guerra quedó grabada en sus recuerdos, así como el amor incondicional de sus padres.
En la posguerra Pilar Paz Pasamar cursa estudios de bachillerato en el colegio del Sagrado Corazón de las monjas carmelitas en Madrid, conservando su arraigo con el sur con frecuentes visitas durante las vacaciones.
Sus primeras publicaciones aparecen en periódicos, como en el diario jerezano Ayer, donde a los doce años ya tiene un espacio fijo de opinión.
Prosigue sus estudios en Madrid, donde cursa estudios de Filosofía y Letras.
Entre sus profesores se encuentran Gerardo Diego, Dámaso Alonso y el maestro Joaquín Rodrigo, a cuyas clases asistía como oyente.
Son años de tertulias en el café Gijón, frecuentado también por Miguel Delibes, Carmen Laforet y Ana María Matute, entre otros. La casa paterna de la calle Nicasio Gallego se convierte así en refugio para jóvenes escritores como su buen amigo Fernando Quiñones.
En 1951 publica Mara, su primer libro, con prólogo de Carmen Conde. PilarPaz contaba con 18 años, y el poemario despertó gran expectación.
Juan Ramón Jiménez asevera en el libro Conversaciones con ]uan Ramón, de Ricardo Gullón (1951): «Hay una muchacha, Pilar Paz Pasamar, que ha escrito un poema excelente, magnífico sobre Dios. Entre los poetas jóvenes encuentro de vez en cuando cosas excelentes. Este poema es una joya, esa niña es genial.»
Gracias a este libro se establece un vínculo con el poeta exiliado en Puerto Rico que sirve de nexo con el grupo gaditano Platero.
Éste le escribe a su casa de Nicasio Gallego, de modo que de Madrid a Cádiz y hasta Puerto Rico se articula una estrecha relación entre el maestro y los jóvenes poetas.
La revista se publica de 1951 a 1954 y colaboran en ella Fernando Quiñones, José Manuel Caballero Bonald, Julio Mariscal, Serafín Pro, Felipe Sordo Lamadrid, y por supuesto Pilar Paz Pasamar, entre otros.
Platero publica textos de autores como Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, Blas de Otero, Pablo Neruda, Luis Cernuda o Gabriel Celaya, y de muchos jóvenes como Antonio Gala, Elena Martín Vivaldi, Trina Mercader, etcétera.
Pilar Paz Pasamar sigue escribiendo en Cádiz, donde ha sido homenajeada en más de una ocasión, hasta ser nombrada «Hija adoptiva de la ciudad» el 21 de diciembre de 2004.
Pertenece a la Real Academia Hispanoamericana de Cádiz y a la de San Dionisio de Jerez.
Obras
Mara 1951
Los buenos días, de 1953, accésit del Premio Adonais
Ablativo amor, en 1955
Del abreviado mar, en 1957
La soledad contigo de 1960
Poesía femenina de lo cotidiano en 1964
Violencia inmóvil de 1967.
En 1982 Pilar Paz Pasamar publica La torre de Babel y otros asuntos
La antología La alacena, de 1986
Textos tapidarios: La dama de Cádiz, de 1990
Philomena, de 1994.
Sophía de 1997
MARA
¿Dónde voy yo, Dios mío,
con este peso Tuyo entre los brazos?
¿Para qué has designado
mi pobreza fuerza a Tu cansancio inmenso?
Si quieres descansar, descansa en otros,
apoya Tu palabra en otra bocas
que te dirán mejor. Yo quiero ir
a solas por el campo, sin motivos,
sin lazos y sin cosas. Vete ya,
no soy yo quien debiera sostenerte.
Tu peso duele mucho, y es muy grande
Tu fatiga de Dios sobre mi cuerpo.
¿A dónde quieres ir sobre este vano
camino de mis pies, que no se orientan?
Búscate un lecho blando
en el pecho del niño, o del poeta
pero déjame a mí, muda y perdida,
sobre la tarde sola.
No huelles más mi hierba que humedece
un rocío continuo y desvelado.
Estoy empobrecida de lágrimas y gestos,
no tenga más calor que el de esta pena sorda,
y eres muy grande Tú para este frío,
y es muy pequeño el beso de mi boca.
¡Déjame ya, Señor! ¡Hay tanta espiga!
¡Hay tanta espiga enhiesta...!
No recorras
este arenal desierto de mi huida.
¡Déjame ya!... ¡Se está tan bien a solas!
Mujeres de carne y verso.
Antología poética femenina
en lengua española del siglo XX.
Edición de Manuel Francisco Reina.
La esfera literaria. 200