Diego Ignacio Parada y Barreto

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Jerezanos

DIEGO IGNACIO PARADA Y BARRETO


Artículo obra del Dr. D. Manuel Ruiz Lagos


Retrato de D. I. Parada y Barreto (“Ilustración Española y Americana”, Madrid, 30-08-1881, por Rico).

Diego Ignacio Parada y Barreto (Jerez de la Frontera 07.03.1829 – Madrid 07.08.1881). Este ilustre investigador nació en el seno de una familia jerezana liberal. Fueron sus padres D. Diego Parada y León, industrial vinícola, y Dª María de las Mercedes Barreto y Guerra, perteneciente a la antigua familia cubana de los Condes de Casa-Barreto.


De este matrimonio nacieron diez hijos, siete varones y tres mujeres. De ellos, cuatro destacaron en las artes, letras o ciencias: Diego Ignacio (1829-1881) médico y escritor; José (1834-1886) compositor y musicógrafo; Manuel (1842-1915) pintor y publicista; Adolfo (1811-1880) ingeniero, naturalista y publicista.


Aprendió de su padre el amor a la tierra y a las tradiciones. Supo desde muy joven que la creación de la conciencia histórica no era algo simplemente acomodado en el folklore, sino que se adquiría en la meditación de la fenomenología del entorno social y en la búsqueda de sus razones creadoras. Su educación filosófica y media fue dirigida en Jerez por el sabio humanista antequerano Juan Mª Capitán, docencia que compartió con el poeta Luis de Eguílaz con el que mantuvo entrañable amistad de por vida.


Sobre la figura paterna y sobre la presencia de la amistad de Eguilaz conviene hacer referencias previas.

A la memoria de su padre y a su ejemplo como promotor social en Jerez, consagró Parada la biografía que incluye en su libro señero. De las opiniones que expresa se deducen muchas de sus propias cualidades.

Recuerda y elogia, cómo en 1846, su padre fundó y estableció una casa mercantil, defendiendo que así como es importante y meritorio el recuerdo histórico de aquellos nombres que influyen de algún modo o enaltecen una población, bajo el punto de vista científico, militar, artístico o literario, político o religioso, no lo es “menos el de aquellos que prestan sus servicios en el orden financiero, económico o mercantil”.

Señala, cómo retirado su padre de los negocios mercantiles –entre los años 1865-1868, con obligaciones municipales- se aprestó a desarrollar todo lo que era favorable para Jerez en el crédito y negocio de los vinos. Elogia su carácter emprendedor en el desarrollo de los caldos de su viña del pago de Parpalana, titulada “Nuestra Señora de la Merced” y la extensión de sus conocimientos prácticos vinateros y comerciales.

Jerez, 1820. Los lugares recreativos de Parada y Eguilaz (R. Westmacott, 1800. Institut Cartogràfic de Catalunya).

Recuerda cómo emprendió una serie de proyectos para la organización del gremio de cosecheros, la creación de una Caja o Banco Agrícola y la redacción de una estadística de las propiedades de viñas y territorios cultivados o el fomento de la feria ganadera de los llanos de Caulina.

Al realizar estos elogios, entre los cuales no olvidó consignar la promoción de la Biblioteca de la Colegiata, Parada exponía aquellos fundamentos de la agricultura, el comercio o la cultura que estimaba imprescindibles para Jerez. Este habría de ser considerado el legado paterno.

El análisis de su amistad con Luis de Eguilaz descubre, también, aspectos biográficos interesantes. En el año 1864 publicó el sanluqueño sus obras completas autorizadas incluyendo en portada de cada uno de sus dramas emotivas dedicatorias. En el preámbulo de la comedia “La llave de oro” insertó la dedicatoria a Parada. Es cierto que el dramaturgo no pretendía “más objeto que presentar al público tu nombre unido al mío” pero, en nombre de aquella fraternal amistad, recordaba eventos vividos en común.

Subraya el magisterio de Juan María Capitán y le decía a su amigo: “Después de la muerte del maestro no he vuelto a pisar el hermoso suelo de nuestro encantado país. Si alguna vez torno a entrar por los antes bulliciosos patios del Instituto de Jerez, van a parecerme desiertos…Mucho, amigo mío, han variado los tiempos desde que juntos estudiábamos bajo su dirección. Ya han pasado para nosotros los días de los alegres certámenes de la Porvera, de las ruidosas expediciones a la puerta de Rota. Los niños se han hecho hombres: el tiempo, el trabajo y la experiencia se han encargado de acabar con nuestras infantiles ilusiones: tú has luchado ya muchas veces cuerpo a cuerpo con la muerte: yo he escrito “Verdades amargas”…tú eres médico, yo autor dramático. De aquellos felices días sólo nos queda la memoria”.

La comedia que ahora se imprimía-motivadora de recuerdos infantiles- era el honroso estipendio que la débil naturaleza del dramaturgo pagaba a su amigo médico: “tan enfermo estaba entonces que hasta cuatro meses después no pude salir de mi gabinete. En aquellas tristes y largas horas el amigo fue mi consuelo, el médico mi salvador”.

La carrera de Parada seguiría un camino paralelo aunque no divergente.


Jerez, 1820. Vista de la Alameda (Cristina) y del Correo (Litografía de Deroy y Becquet, París, 1800. Institut Cartogràfic de Catalunya).

Sobre 1845 se datan sus primeras poesías castellanas y latinas y artículos políticos y literarios publicados en periódicos de prestigio como "El País", "La España Moderna", “El Semanario Pintoresco Español” o "El Eco de Madrid".


Cursa los estudios de Medicina en Cádiz y Madrid, doctorándose a la temprana edad de veinte y dos años


Su vocación médica es duramente probada en las epidemias coléricas de 1854 y 1856, así como en las de tifus, fiebre amarilla y palúdica en Cádiz, Puerto de Santa María, Madrid y Valdepeñas. Promueve la creación de hospitales a sus expensas. Médico titular de la Beneficencia de Madrid y Subdelegado de Medicina de la capital. Entre su extensa bibliografía médica se señalan los textos de “Higiene del habitante de Madrid” (1876); “Topografía médica de la parroquia de San Marcos de Jerez” y “Proyecto de bases reglamentarias para el planteamiento y organización de la sanidad municipal de Madrid” (1878).


Se ha de subrayar, fundamentalmente, su papel de riguroso historiador local. Esta actitud de Parada se manifiesta preferentemente en su libro "Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera", publicado en 1875. Según opinión del historiador jerezano J. Soto Molina, este obra parece empezó a publicarse por entregas en 1863. A solicitud del autor, contó con el apoyo moderado del Cabildo Municipal y del alcalde Rafael Rivero de la Tixera.


La historiografía jerezana de Parada y Barreto recoge más de dos centenares de biografías realizadas con un rigor notable. Su obra centenaria solamente puede ser comparada con la del sevillano José Velázquez y Sánchez.


Noticias sobre la historia y el estado actual del cultivo de la vid y del comercio vinatero

Casi en paralelo con la publicación de estos trabajos biográficos había visto la luz el precioso libro: "Noticia sobre la historia y el estado actual del cultivo de la vid y del comercio vinatero de Jerez de la Frontera" (1868). Publicada en folletín en “El Guadalete”, obtuvo mejor apoyo del Cabildo Local.


A pocas fechas de su muerte publicó otra obra señera, la titulada “Escritoras y eruditas españolas o apuntes para servir una historia del ingenio y cultura literaria de las mujeres españolas” (1881). Se citan, finalmente, obras inconclusas e inéditas como un tratado de “Patología Quirúrgica” o una “Colección biográfica-bibliográfica de poetas médicos castellanos”.



En 1971, T. García Figueras publicaba carta del 29.11.1934, original del historiador Juan Moreno de Guerra, de la que se obtenían juicios de valoración de la obra de Parada y Barreto. Según ésta, se reconoce su afición por la heráldica y la genealogía. Se destacan las fuentes tomadas de anteriores historiadores como Guseme, Gayangos y Estrada. Se reconoce su sagacidad, inteligencia y buen criterio pero se critica su estimada poca vinculación con los archivos. Opiniones a tener en cuenta, pero juzgadas como apasionadas por García Figueras.


Hombres Ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera

Superadas las opiniones escolásticas, cuando, hoy, queremos encontrar las bases historiográficas de la Baja Andalucía, hemos de recurrir a los trabajos del jerezano como a piedra importante de sus cimientos. Su "Historia de jerezanos ilustres" se escribió, prácticamente, a costa económica del autor y fue recompensado, tan sólo, con la compra de ejemplares de la edición y con una corta subvención de pocos reales de vellón.


Seguramente es esto lo más extraordinario y ejemplar: la realización de una obra ingente elaborada ante la apatía, la desgana y la incuria de muchos. Tendría, también, que subrayarse el rigor liberal de Parada por presentar la verdad histórica, aséptica, sin partidismos, ofrecida en opciones independientes al lector. Sólo en una ocasión, en 1874, el Gobierno de la Nación reconoció el trabajo global de Parada como “eminente y extraordinario”.


Su idea cultural del jerezanismo, profundamente sentido en la afirmación de una esencia tradicional-histórica, podría muy bien ser definido en el reconocimiento estricto de algo que se supone culturalmente existente, insuperable e inmejorable, si no en los aspectos socio-económicos, sí en una concepción vital de la existencia. Falleció el día 7 de agosto de 1881 en Madrid. Su biografía y retrato fueron publicados en “La Ilustración Española y Americana”, de Madrid (Año XXV – N. XXXII – correspondiente al 30 de agosto de 1881).


Manuel RUIZ LAGOS


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